Simón de Rojas Clemente y Rubio
| Nombre completo | Simón de Rojas Clemente y Rubio |
|---|---|
| Nombre nativo | Simón de Rojas Clemente y Rubio |
| Descripción | Botánico español |
| Fecha de nacimiento | 27-09-1777 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 27-02-1827 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | botánico, bibliotecario, político, recolector de plantas |
| Grupos | Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona |
| Idiomas | español |
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Simón de Rojas Clemente y Rubio nació en Titaguas el 27 de septiembre de 1777 y falleció en Madrid el 27 de febrero de 1827. Su vida fue una travesía entre aulas, invernaderos y regiones agrícolas, donde la curiosidad irrumpió como motor principal de una obra que, a la vez clínica y experimental, configuró etapas decisivas de la botánica española y de la ampelografía. Entre viajes, labor académica y inquietudes prácticas, dejó una huella que trascendió su tiempo y continúa siendo referencia para los estudios de plantas y viñedos.
Simón de Rojas Clemente y Rubio nació en Titaguas el 27 de septiembre de 1777 y falleció en Madrid el 27 de febrero de 1827. Su vida fue una travesía entre aulas, invernaderos y regiones agrícolas, donde la curiosidad irrumpió como motor principal de una obra que, a la vez clínica y experimental, configuró etapas decisivas de la botánica española y de la ampelografía. Entre viajes, labor académica y inquietudes prácticas, dejó una huella que trascendió su tiempo y continúa siendo referencia para los estudios de plantas y viñedos.
Biografía
Simón de Rojas Clemente y Rubio nació en una familia numerosa, perteneciente a la provincia de València, como el cuarto hijo de Joaquín Clemente Collado y Juliana Rubio Polo. En aquella casa, la legitimidad de la escritura y la administración dejó un lugar en la memoria familiar, pero no hubo, desde un principio, garantía de heredarla; a la familia, además, la marcaba la elevada cantidad de hermanos y la alta mortalidad entre ellos, ya que sólo una parte alcanzó la adolescencia. Su origen relativamente modesto no impidió que su curiosidad por el saber se impusiera como motor de una trayectoria posterior.
Con apenas una década de vida ingresó en el Seminario de Segorbe, donde inició un itinerario de formación que conjugaba humanidades y una inclinación hacia el mundo eclesiástico. Tras varios años en Segorbe, recibió la orden de proseguir sus estudios en la ciudad de Valencia, destino que consolidó su vocación intelectual. Allí se formó en filosofía bajo la dirección de Antonio Galiana y logró el grado de maestro en artes, iniciando después una ruta que combinaría teología, filología y una creciente inclinación por las ciencias naturales.
La filología fue la brújula predominante de su aprendizaje: dominaba griego, hebreo y latín con suficiencia para impulsar estudios críticos, y más adelante añadió árabe, francés, inglés e italiano a su abanico de lenguas. Aunque la vocación sacerdotal aparecía como un marco posible, lo que realmente le atraía era el método de la observación y la clasificación de la naturaleza: coleccionó plantas y animales y dio forma a un catálogo que reflejaba disciplina y rigurosa organización. Estas inquietudes encontraron resonancia cuando conoció la labor de Antonio José de Cavanilles, cuyo trabajo sobre el Reino de Valencia encendió definitivamente su interés por la botánica.
En 1800 trasladó su trayectoria a la capital para intentar las cátedras de Lógica y Ética en el Seminario de Nobles, apenas sin éxito en la oposición, pero sí obtuvo sustituciones en los Reales Estudios de San Isidro, lo cual le permitió continuar en contacto con la enseñanza superior. Durante ese episodio, aprovechó para asistir a clases de árabe, botánica, mineralogía y química, y entabló vínculos con docentes y discípulos que tendrían eco en su vida profesional, entre ellos Casimiro Gómez Ortega y, especialmente, Mariano Lagasca, con quien empezó a colaborar desde 1801.
La amistad con Lagasca fue decisiva: en 1802 publicaron juntos una obra sobre la criptogamia española, aparecida en los Anales de Ciencias Naturales, y así se fue forjando un vínculo que podría definirse como una de las columnas de su desarrollo científico. En ese mismo año, Clemente recibió la designación para enseñar árabe en sustitución de su titular, lo que le permitió acercarse a otros saberes y entablar nuevas alianzas intelectuales.
Un encuentro singular marcó otro capítulo importante: Domingo Badía y Leblich, conocido como Alí Bey, era un viajero y espía que compartía el gusto por la lengua árabe y las ciencias naturales. Este encuentro llevó a Clemente a embarcarse en una empresa científica (que después se reveló como una misión de espionaje) dirigida por Manuel Godoy, con destino al norte de África. El viaje, que lo llevó a recorrer Francia e Inglaterra junto a Badía, permitió que recogiera y organizara nueve tomos de herbarios que, a su regreso, depositó en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Aun cuando Badía dejó la empresa a mitad de camino, Godoy valoró la paciencia del joven botánico y lo recompensó con una asignación de 1500 reales mensuales durante cuatro años, además de encomendarle un estudio de las producciones y la historia natural del Reino de Granada, con libertad para actuar sin depender de otras autoridades académicas. Durante ese periodo, entre 1803 y 1805, recorrió diversas comarcas de Andalucía y la costa de la región, recogiendo muestras, observando suelos, microclimas y prácticas agrícolas, y evaluando la adecuación de cada cultivo a las condiciones locales para diseñar una agricultura más científica. Gran parte de ese material quedó en el jardín madrileño y, durante años, permaneció inédito.
Entre 1804 y 1807, el botánico viajó a Sevilla y, a partir de la colaboración con el director de un jardín botánico de Sanlúcar de Barrameda, desarrolló una línea de trabajo que convertiría la ampelografía en una disciplina destacada. Su libro sobre las variedades de la vid, concebido en Andalucía, emergió como resultado de la influencia de tres agrónomos de renombre y de la necesidad de traducir la compleja diversidad de la vid española a un marco científicamente manejable. Desde entonces, Clemente se convertiría en referente europeo en esa materia.
En 1807 asumió la dirección del Jardín Experimental de Sanlúcar de Barrameda, revitalizando un proyecto que buscaba reunir en un único recinto las distintas variedades de vid españolas, inspirado en iniciativas similares en Francia. Esta etapa coincidió con un viraje institucional y político provocado por la caída de Godoy y por la Guerra de Independencia, que obligó a Clemente a moverse entre ambiciones y lealtades, sin perder, sin embargo, su compromiso con la ciencia. Sus amistades le permitieron circular por Andalucía y por Madrid, con una libertad que, a veces, parecía inusual para una figura ligada a círculos científicos.
Años de conflicto trajeron consigo un dilema: si por un lado su inclinación liberal acercaba su postura a la corriente josefina, por otro no aceptó cargos oficiales del régimen napoleónico y mantuvo su independencia intelectual. Su amigo Lagasca, por su parte, rechazó las ofertas de Joseph Bonaparte y optó por la vía de la milicia, cosa que dejó a Clemente enfrentado a una situación de incertidumbre. En 1812 decidió refugiarse en Titaguas, donde, según su biógrafo, se dedicó a la labor científica y a la atención humanitaria de su entorno: reunió datos para una historia civil y natural de la localidad, trazó un plano del término, recopiló información genealógica local y enseñó a jóvenes y adultos a clasificar aves y plantas, incluso organizó una compañía teatral de aficionados en la que él mismo desempeñó papeles centrales.
Con la puesta en marcha de reformas tras la guerra, en 1814 volvió a la actividad científica y recibió la misión de elaborar el plano topográfico y estadístico de la provincia de Cádiz, al tiempo que retomó su plaza de bibliotecario en el Real Jardín Botánico de Madrid. El protagonismo de Mariano Lagasca volvió a ser determinante, pues Clemente le acompañó en la tarea de catalogar las colecciones de plantas americanas fruto de la expedición de José Celestino Mutis en Bogotá, cuyo material llegó a la capital en 1817.
La gran edición que consolidó su labor tuvo lugar en torno a la Agricultura general de Gabriel Alonso de Herrera, tarea encomendada por la Sociedad Económica Matritense, buscándose recuperar la versión original de 1513 y enriquecerla con aportaciones más rigurosas. En ese esfuerzo, Lagasca y Clemente realizaron adiciones y trabajaron junto a especialistas como Antonio Sandalio de Arias, Claudio Boutelou, Francisco de Paula Martí y otros colaboradores, aportando prólogo y secciones sobre trigo, algodón y, especialmente, sobre la viticultura y la vinificación.
Paralelamente, profundizó en la formación farmacéutica, pues comprendía la relevancia de la farmacia para entender las aplicaciones de plantas y productos derivados en la vida diaria y en la economía agraria del país. En 1820, cuando Rafael del Riego logró restituir la Constitución de Cádiz, Clemente abrazó la defensa de las libertades y se convirtió en un miembro activo de las comisiones de Agricultura, Salud y Instrucción Pública; incluso participó en una intervención parlamentaria a favor de una granja experimental para su comarca natal, Sanlúcar de Barrameda.
Su salud en aquellos años fue usuaria de constantes altibajos; la fiebre amarilla que padeció años atrás dejó secuelas que lo obligaron a buscar reposo y a trasladarse a Titaguas en septiembre de 1821, donde pasaría medio decenio. Allí continuó colaborando en obras de agronomía y botánica, recopilando datos para otras publicaciones y impulsando la apicultura como una nueva línea de investigación; incluso dejó material para las publicaciones de su entorno familiar y académico.
Durante su residencia en Titaguas siguió ordenando y ampliando sus colecciones: preparó notas para una historia natural de la región, continuó agrupando plantas, insectos y especímenes para conservación, y inició estudios de apicultura inspirados en manuales de Herrera; dejó apuntes que luego pasarían a manos de la familia de Antonio Sandalio de Arias. En esa época, también quedó asentada su participación en el desarrollo de la colección de variedades de la vid, que se empezó a organizar alrededor de un área llamada Plano de la Flor.
El retorno definitivo se produjo en 1826, cuando volvió a Madrid para cerrar proyectos pendientes y completar trabajos inacabados. Aun convaleciente, falleció en febrero de 1827, y su memoria fue honrada con la creación de una estatua obra de José Gragera que se erigió en el Real Jardín Botánico de Madrid y se inauguró en 1865, como reconocimiento a su aporte a la botánica y a la ciencia española.
Simón de Rojas Clemente y Rubio es considerado el padre de la ampelografía moderna por haber establecido el primer planteamiento científico para describir las variedades de vid a partir de muestras recogidas entre 1802 y 1804 en Andalucía. El jardín madrileño conserva buena parte de ese material, en hojas y brotes, formando un herbario diferente a los demás por su antigüedad y su riqueza: representa la más temprana colección de variedades de vid y constituye una fuente invaluable para estudios ampelográficos, de diversidad genética y de historia vitivinícola anterior a la llegada de la filoxera.
Obras
- Pequeño alarde de la gramática y poética arábiga, texto de 1801 que mostraba su dominio del árabe y su visión de la lengua como instrumento de estudio en los Reales Estudios de Madrid.
- Autobiografía, publicado en la Gaceta de Madrid en 1827, en el que se esbozan trazos de su trayectoria personal y profesional.
- Introducción a la criptogamia española, ensayo colectivo que apareció en 1802 y que delineó las bases de la criptogamia dentro de la botánica hispana.
- Ensayo sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía, trabajo técnico que incluye un índice etimológico y tres listados de plantas para caracterizar especies nuevas.
- Tentativa sobre la liquenología geográfica de Andalucía, artículo de revisión publicado en una revista científica de la época y preparado por encargo de su editor.
- Ceres Hispánica. Adición al capítulo VIII de la obra Agricultura general, edición comentada en la década de 1920 para recuperar la versión original y añadir contenidos modernos en clave agronómica.
- Historia civil, natural y eclesiástica de Titaguas, estudio histórico-natural de la localidad que recoge datos cívicos y ecológicos sobre su entorno.
- Viaje al cabo de Gata, crónica de exploración botánica y geográfica en la costa almeriense.
- Viaje a Andalucía (Historia natural del Reino de Granada) 1804-1809, compilación moderna que recupera la experiencia científica del periodo.
- Nomenclátor ornitológico, inventario de nombres científicos y populares de aves elaborado para un uso sistemático de la avifauna.
- Terminología geognóstica-geográfico-física española, códice manuscrito que recoge la terminología científica de su siglo y su evolución.
Honores
Epónimos
- La abreviatura Clemente se emplea para indicar a Simón de Rojas Clemente y Rubio como autoridad en la descripción y clasificación de vegetales.