Simon Pereyns
| Nombre completo | Simon Pereyns |
|---|---|
| Descripción | Pintor flamenco |
| Fecha de nacimiento | 01-01-1530 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-11-1588 |
| Nacionalidad | Países Bajos meridionales |
| Ocupaciones | artista |
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Simón Pereyns Lira fue un pintor flamenco cuya trayectoria artística se desarrolló principalmente en la Nueva España durante el siglo XVI. Nacido en Amberes hacia 1530 y fallecido en 1589 en la Ciudad de México, su vida llevó el refinamiento de las escuelas del Norte a las iglesias y palacios del virreinato, donde dejó una huella notable en retablos, escenas religiosas y retratos. Su historia refleja las rutas culturales que conectaron Europa con América y la manera en que el arte europeo se adaptó a los contextos locales de la iglesia y el poder colonial.
Simón Pereyns Lira fue un pintor flamenco cuya trayectoria artística se desarrolló principalmente en la Nueva España durante el siglo XVI. Nacido en Amberes hacia 1530 y fallecido en 1589 en la Ciudad de México, su vida llevó el refinamiento de las escuelas del Norte a las iglesias y palacios del virreinato, donde dejó una huella notable en retablos, escenas religiosas y retratos. Su historia refleja las rutas culturales que conectaron Europa con América y la manera en que el arte europeo se adaptó a los contextos locales de la iglesia y el poder colonial.
Biografía
Nacido en Amberes a comienzos de la época en que la ciudad pulsaba al ritmo de talleres y gremios, Pereyns Lira recibió una formación que mezclaba la tradición flamenca con el afán de ampliar horizontes. Sus padres, Fero Pereyns y Constanza de Lira, aparecen como figuras que dieron forma a un joven artistas que ya mostraba curiosidad por las artes visuales desde temprano. Poco se conserva de sus primeros años, pero las crónicas señalan una base sólida en el manejo de la pintura de taller, entre bocetos, gubias y dorados que caracterizaban la escuela flamenca de su tiempo.
En busca de fortuna, en 1558 emprendió un viaje que lo llevó primero a Lisboa, Portugal. Allí trabajó durante unos nueve meses en un taller cuyo maestro permanece anónimo en los anales, experiencia que le permitió absorber técnicas y recursos del Mediterráneo ibérico y ampliar su red de contactos. Tras esa etapa, decidió atravesar la península hacia Toledo, ciudad que albergaba la corte asidua del monarca Felipe II, contexto en el que el pintor recibió nuevas expectativas y oportunidades de intercambio con otros artistas y artesanos.
La corte española fue el escenario donde Pereyns conoció a individuos vinculados a la administración y la política de ultramar. Entre ellos figuraba Gastón de Peralta, Marqués de Falces, figura que con el tiempo se relacionaría con la supervisión de asuntos coloniales y con la posibilidad de abrir puertas para artistas extranjeros. En ese marco, el joven artista se mudó a Madrid, ciudad donde la corte consolidó su residencia y donde ciertas redes de influencia podrían haber incidido en su posterior destino en América.
La travesía hacia Nueva España se materializó cuando, en 1566, Pereyns fue invitado por el virrey para emprender el viaje hacia el virreinato. Su llegada a tierras americanas se produjo con la navegación atlántica y su desembarco tuvo lugar en San Juan de Ulúa el 17 de septiembre de 1566. En ese entorno, la situación social y política era compleja, y el pintor encontró en la amistad con el Marqués de Falces un paraguas de protección que le permitió iniciar una labor artísticamente fecunda en el Palacio de Virreyes, donde comenzó a abordar escenas de batallas y composiciones decorativas para los ámbitos de poder.
Establecido en la casa virreinal, Pereyns cimentó su presencia en la vida artística de la Nueva España. Su actividad se orientó a proyectos de gran formato para iglesias y conventos, y, pese a la cantidad de encargos, la mayor parte de su obra no ha sobrevivido a los embates del tiempo, los incendios y el desgaste de los siglos. Aun así, su nombre quedó asociado a una producción extensa, marcada por la precisión narrativa de color y figura que le caracterizaba, así como por la capacidad de traducir la tradición flamenca a un marco americanizado.
Entre sus encargos más notables figura el conjunto de diez pinturas para el retablo mayor del convento franciscano de Huejotzingo, en Puebla, fechado en 1586 y realizado junto con Andrés de la Concha. Esta obra significó una entrada destacada en el mundo pictórico de la región volcánica de las laderas del Popocatépetl, integrando sabor europeo y sensibilidades mexicanas en una serie de escenas que dialogaban con la devoción franciscana y la memoria de la acción militar de la época. Las tablas conservadas de Pereyns y su equipo muestran un dominio de la composición narrativa y una comprensión de la iluminación que buscaba resaltar la solemnidad litúrgica de cada escena.
Entre las piezas que aún se conservan se encuentra un San Cristóbal datado en 1588, que se conserva en la Catedral de México dentro del retablo principal de la capilla de la Inmaculada Concepción. Este lienzo ofrece una muestra de su lenguaje plástico: figuras alargadas, un manejo de la anatomía en tensión y un uso visible de dorados que buscaban enfatizar la trascendencia de la escena sagrada en un espacio monumental.
La obra más discutida y, a ojos de muchos historiadores, la más destacada, fue la Virgen del Perdón, que fue el eje central del retablo del Perdón en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Lamentablemente, esa pieza, junto con el altar que la acompañaba, fue destruida por un incendio en 1967, pérdida que dejó un vacío en el repertorio monumental de Pereyns y en la memoria visual de la colonia.
Las tradiciones orales han tejido una maraña de leyendas alrededor de esta pintura desaparecida. Una de las historias más populares sostiene que el altar recibió el nombre de Altar del Perdón porque Pereyns, mientras estaba bajo prisión acusado de blasfemia, habría pintado una imagen de la Virgen que le otorgó el perdón y la libertad. Sin embargo, la evidencia documental sugiere que la obra central podría haber sido una Virgen de los Remedios convertida en Virgen del Perdón, y que la absolución se gestionó mediante un pago a la Inquisición para evitar un proceso más severo. Esta tensión entre mito y fuente documental es característico de la historicidad de Pereyns en su contexto colonial.
Estilo y legado
El estilo de Pereyns se inscribe en la tradición flamenca que llega a América con una lectura localizada. Sus composiciones se distinguen por una claridad narrativa, un lenguaje figurativo sólido y un tratamiento de la superficie que busca la luminosidad dorada de los retablos europeos, adaptada a la luz mexicana. En sus obras se aprecia una intención didáctica: las escenas religiosas no solo buscan conmover, sino también instruir al espectador en la fe, la historia sagrada y la moral cristiana que imponía la dinámica del virreinato.
La técnica que dominaba Pereyns combinaba bocetos preparados en talleres europeos con la experimentación de pigmentos y preparaciones locales. Sus archivos y las obras que han llegado hasta nosotros revelan una mano que sabía orientar la composición hacia la teatralidad litúrgica de las ceremonias religiosas, sin abandonar las estructuras aprendidas en la tradición del retrato y la escena de historia. En ese cruce de influencias, Pereyns creó un lenguaje visual que dialoga con la pintura indígena y la devoción europea que marcó la pintura del siglo XVI en américa.
Legado y pérdida hacia finales del siglo, la obra de Pereyns se convirtió en una referencia para pintores de la región que buscaban combinar la técnica europea con motivos locales. Su presencia en la corte virreinal le brindó una posición de autoría reconocible, y su participación en proyectos significativos de Huejotzingo y la Catedral de México lo sitúan como una figura clave en la transición entre el arte renacentista y las expresiones pictóricas que cristalizarían en la época colonial. Aunque muchas piezas no llegaron a la actualidad, su influencia perdura en la tradición pictórica mexicana y en la historia de la pintura latinoamericana.
En un telón de siglos, la vida de Pereyns ilustra las rutas artísticas que cruzaron el Atlántico y la forma en que un maestro flamenco llevó su oficio a un territorio nuevo, donde la religión, la política y el gusto estético se entrelazaron para dar vida a una imaginería que aún se estudia y se valora. Su figura es, por tanto, un puente entre dos mundos: la técnica europea y la sensibilidad pictórica local que dio forma a una parte esencial de la memoria visual colonial.
Obras
- Retablo de Tepeaca.
- Retablo de Mixquic.
- El retablo de Malinalco y Oculián.
- Virgen con el Niño, Santa Ana y San José. Conocida como "La Virgen del Perdón"
- Retablo de Huejotzingo.