Tomás Herrera
| Nombre completo | Tomás Herrera |
|---|---|
| Nombre nativo | Tomás José Ramón del Carmen de Herrera y Pérez Dávila |
| Descripción | 8.º presidente de la República de la Nueva Granada |
| Fecha de nacimiento | 21-12-1804 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-12-1854 |
| Nacionalidad | República de la Nueva Granada |
| Ocupaciones | político |
| Idiomas | español |
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Tomás José Ramón del Carmen de Herrera y Pérez Dávila nació en la Ciudad de Panamá el 21 de diciembre de 1804 y murió en Bogotá el 5 de diciembre de 1854. Su trayectoria combina combates, traiciones y, sobre todo, una voluntad inquebrantable por influir en el rumbo político de la región durante un periodo de profundas transformaciones. Si bien su desarrollo se inscribe en la historia de Colombia, su huella dejó ecos que superan fronteras, marcando tanto a Panamá como a la nueva Granada. Este retrato reconstruye con lenguaje propio sus momentos clave y el legado que dejó a fuego lento.
Tomás José Ramón del Carmen de Herrera y Pérez Dávila nació en la Ciudad de Panamá el 21 de diciembre de 1804 y murió en Bogotá el 5 de diciembre de 1854. Su trayectoria combina combates, traiciones y, sobre todo, una voluntad inquebrantable por influir en el rumbo político de la región durante un periodo de profundas transformaciones. Si bien su desarrollo se inscribe en la historia de Colombia, su huella dejó ecos que superan fronteras, marcando tanto a Panamá como a la nueva Granada. Este retrato reconstruye con lenguaje propio sus momentos clave y el legado que dejó a fuego lento.
Inicios
En sus primeros años, Tomás Herrera decidió alistarse en las fuerzas armadas, ingresando al servicio militar en 1821 y ascendiendo a teniente de infantería al año siguiente, durante la Campaña del Sur. Su participación se extendió a campañas lejanas como las libradas en Perú, donde intervino en las acciones que culminaron en las victorias de Junín y Ayacucho frente a las tropas realistas. La carrera militar de Herrera estuvo tejida de desafíos y distinciones, que fortalecieron su reputación de combatiente y líder.
En 1828 recibió una acusación de conspiración que lo llevó a un periodo de reclusión en Bogotá. Logró evadir por poco la detención, fue recapturado y condenado a la pena de muerte; su expediente, sin embargo, terminó conmutándose por destierro gracias a su expediente militar. A su regreso a Panamá en 1830, volvió a la arena pública para enfrentar a fuerzas contrarias que buscaban imponer un control central, incluido el venezolano Juan Eligio Alzuru, contra quien participó activamente. Con la caída de Alzuru, Herrera fue designado como coronel graduado y, en la misma medida, como comandante general del Istmo de Panamá, posición desde la cual comenzó a trazar su influencia en la región isthmica.
La década de 1840 lo encontraría involucrado en la turbulenta revolución que afectó al Cauca, período en el que Panamá—si bien no deseaba integrarse plenamente a la causa central—fue escenario de movimientos que propiciaron una ruptura de facto. En noviembre de 1840, una junta popular en Panamá impulsó la separación de la República de la Nueva Granada, dando origen al Estado Libre del Istmo. Aunque la iniciativa logró reconocimiento inicial, las negociaciones lograron que Herrera aceptara reintegrar la región a la Federación, a cambio de garantías sobre no perseguir a los secesionistas. A pesar de este acuerdo, sectores contrarios cumplían con políticas que afectaban su estatus militar. Durante este breve periodo, el Istmo experimentó avances en relaciones exteriores —con Costa Rica—, un fortalecimiento institucional, mejoras en salud y educación, y una reorganización económica, a la par de un incremento de la actividad diplomática y administrativa.
Regreso
El retorno político de Tomás Herrera se produjo en 1845, cuando regresó a la escena nacional como gobernador de Panamá y, más tarde, como ministro de Guerra y de la Armada en el gobierno del presidente José Hilario López. En 1850 recibió el encargo de gobernar la provincia de Cartagena y recibió el grado de general. Durante la revolución de las provincias conservadoras de 1851, Herrera se convirtió en una pieza clave para sostener la autoridad oficial frente a una sublevación que buscaba revertir el rumbo liberal del país. En ese conflicto, derrotó al gobernador de Antioquia, Eusebio Borrero, contribuyendo a proyectar la imagen de Herrera como un líder de acción rápida y eficacia táctica.
Ascenso al poder
En 1854, mientras formaba parte del Congreso Nacional, Herrera fue declarado designado para presidir Colombia cuando el presidente José María Obando fue depuesto el 17 de abril. El vicepresidente José de Obaldía entabló conversaciones en la Legación de Estados Unidos para tratar de consolidar el poder, proponiéndole a Herrera la secretaría de guerra, cargo que él rechazó por entender que su calidad de congresista le impedía aceptar una designación ejecutiva. Poco después, Herrera logró sortear la vigilancia militar que el dictador establecía, y se trasladó hacia el extremo norte del territorio. El 21 de abril llegó a Chocontá, donde se declaró efectivamente en ejercicio del poder ejecutivo, tras recibir una comunicación de Obaldía en la cual se reconocía que no se habían reunido las condiciones para sostener el gobierno. Su actuación obedeció a la voluntad de generar estabilidad en un momento de crisis institucional.
Tareas de gobierno
Con la llegada a la capital habilitada por el movimiento de las tropas, Herrera organizó su primer gabinete, colocando al coronel Anselmo Pineda como secretario de gobierno y, de forma interina, a cargo de hacienda, guerra y relaciones exteriores. A continuación emprendió un avance sobre la ruta hacia el norte, y el 23 de abril ocupó Tunja tras la retirada de la guardia nacional gracias a la acción de Reyes Patria. En esa coyuntura nombró al general Manuel María Franco como comandante del ejército y designó a Reyes Patria para las provincias de Tunja y Tundama, con el fin de consolidar la autoridad en el terreno.
Franco reunió un ejército de algo más de 2,5 mil hombres, con Marcelo Buitrago como segundo al mando y José María Rojas Pinzón al frente del estado mayor. Herrera avanzó desde Tunja hacia Nemocón y, después, se orientó hacia Villeta por la vía de La Vega. Mientras tanto, Joaquín París —alto oficial de la causa liberal— envió fuerzas para localizar a Herrera, quien, sin rendirse, continuó moviéndose para reagruparse. El plan original buscaba unir fuerzas con París; sin embargo, las circunstancias lo desviaron de ese objetivo.
En su intento por reorganizar el mando, Herrera nombró al Tomás Cipriano de Mosquera como comandante de Mompós, la región de Panamá y la franja de la Costa, y dio instrucciones para que los gobernadores contrajeran créditos conforme a las necesidades de Mosquera. Luego avanzó hacia Purificación (Tolima), donde circulaban rumores de una posible conspiración. En esa coyuntura designó al general López como comandante del ejército del Sur y asignó a París la tarea de comandar una división para el Alto Magdalena. Después llegó a Ibagué para consolidar el poder ejecutivo y expidió decretos que convocaban a los congresistas a iniciar sesiones en Bogotá el 20 de julio, o en su defecto reunirse en Ibagué, y decretó la suspensión del gobernador de Cartagena, Juan José Nieto.
El 15 de julio, Herrera reconfiguró su gabinete: dejó a Pastor Ospina gestionando el poder, nombró a José María Plata Soto en Hacienda, a Ramón Matéus en relaciones exteriores y a Pedro Alcántara Herrán en Guerra. El 20 de julio, con 23 congresistas presentes en Ibagué, no se consiguió el cuórum para sesiones, pero sí se publicó un manifiesto de apoyo al gobierno ejecutivo por parte de los diputados. La tensión entre las autoridades regionales y la capital modeló un periodo de gestación de un nuevo equilibrio institucional.
Regreso a las filas y muerte
El 5 de agosto, el vicepresidente José de Obaldía llegó a Ibagué y asumió el poder, designando a Herrera como segundo al mando del ejército del Norte. En Piedecuesta se le encontró el día 28 de septiembre al frente de sus tropas cuando recibió la visita del general Mosquera, comandante en jefe de esa fuerza. El 25 de septiembre Herrera cruzó el río Chicamocha en dirección a las estribaciones de la cordillera y, con su batallón denominado “constante”, peleó en la acción de Petaquero en Concepción. Dos días después, el avance le llevó a los alrededores de Bogotá, y el 2 de diciembre ya estaba junto a la columna de Camilo Mendoza en las inmediaciones de la ciudad. En la ofensiva del 4 de diciembre, Herrera condujo a los batallones de línea y de reserva para abrirse paso por el costado sur de la capital; fue herido gravemente en las cercanías de Pamplona y Bárbula, y falleció poco después de la caída de su adversario José María Melo durante la toma de Bogotá.
Legado
La figura de Tomás Herrera trascendió fronteras y dio origen a diversos homenajes, particularmente en Panamá, donde se erigieron estatuas y se instaló, en el casco antiguo de la ciudad, una plaza que desde entonces se conoce como Plaza Herrera. Este espacio ha cambiado de nombre a lo largo de los años; fue originalmente concebido como Plaza del Triunfo, utilizado para corridas de toros, y sólo luego adoptó una denominación que conmemora al ilustre prócer. La inauguración de una estatua ecuestre en 1928, obra del escultor francés Augusto Denis, consolidó su perfil con un monumento saliente que, en su base, incluía un vidrio lleno de tierra de Ayacucho, donde recibió el grado de capitán. Esa reliquia terrestre, sin embargo, fue objeto de saqueos en 2008, dejando una historia de memoria y controversia.
En la actualidad, la memoria de Tomás Herrera continúa en la educación militar panameña, a través de la institución llamada Instituto General Tomás Herrera, que toma su nombre para honrar los valores de disciplina y liderazgo que se le atribuyen. Asimismo, la identidad regional de Panamá ha reconocido su influencia en la denominación de la provincia de Herrera, un recordatorio persistente de su papel en la historia de la nación Istmica y de la región andina. Este legado, complejo y polémico, sigue siendo objeto de estudio para comprender las dinámicas de poder, autonomía y construcción nacional en el siglo XIX de la región.