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Carmelo Bernaola

Nombre completo Carmelo Alonso Bernaola
Descripción Músico español
Fecha de nacimiento 16-07-1929
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 05-06-2002
Nacionalidad España
Ocupaciones compositor, músico
Grupos Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Generación del 51
Idiomas español
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En el mundo de la música española del siglo XX, Carmelo Alonso Bernaola se destacó como un creador versátil que abrazó la composición, la enseñanza y la interpretación. Su legado incluye desde obras de cámara y sinfonías hasta partituras para cine y televisión, demostrando una curiosidad insaciable por explorar sonoridades distintas. Afincado en Madrid y ligado a la llamada Generación del 51, su figura se asocia a una renovación constante de lenguaje y a una voz profundamente personal dentro de la cultura musical de su tiempo.

Carmelo Bernaola — Imagen principal

En el mundo de la música española del siglo XX, Carmelo Alonso Bernaola se destacó como un creador versátil que abrazó la composición, la enseñanza y la interpretación. Su legado incluye desde obras de cámara y sinfonías hasta partituras para cine y televisión, demostrando una curiosidad insaciable por explorar sonoridades distintas. Afincado en Madrid y ligado a la llamada Generación del 51, su figura se asocia a una renovación constante de lenguaje y a una voz profundamente personal dentro de la cultura musical de su tiempo.

Biografía

El artista, nacido en Ochandiano, Vizcaya, el 16 de julio de 1929, dio sus primeros pasos en un entorno rural donde el oído musical se afianzaba a través de la práctica diaria. A los siete años, la familia se trasladó a Medina de Pomar, en la provincia de Burgos, localidad que marcaría el inicio de su formación musical y la cual conservaría como raíz en su trayectoria. A los catorce años se mudó a la capital de la provincia para ampliar conocimientos en armonía, piano y clarinete, buscando una técnica sólida que sostuviera su curiosidad artística. Su esfuerzo no se vio interrumpido por el servicio militar, ya que en 1948 consiguió oposiciones en la Banda de la Academia de Ingenieros y luego ingresó en la Banda del Ministerio del Ejército en Madrid, donde ascendió a sargento.

En el seno de la banda militar, Bernaola compartió vivencias con otros integrantes que, años después, formarían parte de la llamada Generación del 51, como Cristóbal Halffter, Manuel Angulo Sepúlveda y Ángel Arteaga. Este cruce de caminos resultó decisivo para su incipiente exploración de nuevos timbres y estructuras. Mientras residía en la capital, profundizó sus estudios en el Conservatorio de Madrid, bajo la tutela de maestros que marcaron su enfoque: Enrique Masó en armonía, Francisco Calés Pina en contrapunto y fuga, y Julio Gómez en composición. Su destreza le abrió paso en 1953: obtuvo la oposición a clarinetista en la Banda Municipal de Madrid y, tras obtener premios nacionales, recibió una beca de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1957.

El periodo entre 1960 y 1962 llevó a Bernaola a Roma, donde se especializó en construcción musical con Goffredo Petrassi y Sergiu Celibidache, dos maestros que dejarían huella en su enfoque artístico. Más tarde, viajó a Darmstadt para profundizar bajo las directrices de Bruno Maderna, experiencia que consolidó su interés por la experimentación y la libertad interpretativa. A su regreso a Madrid, retomó su plaza en la banda municipal, pero su tiempo se volcó mayoritariamente hacia la creación de sintonías para cine y televisión, sin abandonar por completo otras expresiones artísticas. Durante toda su actividad, superó ampliamente las 300 obras.

En cuanto a su aporte en la música culta, Bernaola es visto como un pionero de la modernidad en España, cuyo trabajo introdujo líneas de pensamiento audaces para la época. Desarrolló conceptos como la aleatoriedad dentro de la idea de una música flexible, en la que la interpretación se adopta como un acto de libertad guiado por el autor. Este enfoque abrió la puerta a una práctica compositiva que desbordó los cánones de la tradición y dejó un legado de innovación.

Entre sus obras más recordadas figuran tres sinfonías escritas en 1974, 1980 y 1990, el Rondó para Orquesta de 1992, Clamores y Secuencias (1993) y Canto al Euskera (1995), una declaración musical en defensa de su región y de la lengua vasca. También firmó la partitura de La Celestina de Adolfo Marsillach en 1989. Su influencia se extendió a la música popular y al cine, donde dejó huellas importantes en numerosos proyectos culturales de la época.

La trayectoria de Bernaola fue reconocida con varios galardones y distinciones: dos Premios Nacionales de Música (1962 y 1992), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1987) y su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1993. Estos hitos señalan el lugar preeminente que ocupó en el panorama musical español de su siglo, tanto por su labor académica como por su creación artística.

En el terreno de la música popular, Bernaola dejó constancia de su versatilidad: organizó el arreglo del himno del Athletic Club en vasco (conocido como Athleticen ereserkia); también compuso las sintonías para series televisivas como El pícaro, La clave y Verano azul. Su prolificidad se manifestó en más de ochenta bandas sonoras para cine, con títulos emblemáticos como Mambrú se fue a la guerra, Espérame en el cielo y Pasodoble, este último premiado con el Premio Goya a la mejor música original en 1989. Fuera de la escena de escenario y grabaciones, fue también maestro de armonía en el Conservatorio de Madrid y dirigió el Conservatorio Jesús Guridi de Vitoria entre 1981 y 1991, cargo que lo acercó a generaciones de músicos y docentes.

Su final llegó el 5 de junio de 2002, cuando falleció en el Hospital de Madrid Torrelodones a los 72 años, víctima de una enfermedad cancerígena. Su legado permanece como un cimiento para la nueva música en España y como un puente entre la tradición clásica y las búsquedas contemporáneas de sonido y forma.

Obra (selección)

La labor de Bernaola abarcó un variado abanico de formatos, que va desde piezas de cámara hasta partituras para cine y televisión. A continuación, una muestra que señala la diversidad de su lenguaje y su constante exploración del color y la estructura:

  • 1955: Trío-Sonatina para oboe, clarinete y fagot; Capricho para clarinete y piano; Música para quinteto de viento.
  • 1956: Tres piezas para piano, explorando texturas y articulaciones distintas.
  • 1957: Suite-divertimento para piano y orquesta; Homenaje a Scarlatti para piano y orquesta; Cuarteto de cuerda n.º 1.
  • 1958: Canción y danza para piano, uniendo cantabilidad y pulso rítmico.
  • 1959: Cuatro piezas infantiles para piano, con un lenguaje lúdico y didáctico.
  • 1960: Píccolo Concerto para violín y cuerdas; Constantes para voz, tres clarinetes y percusión.
  • 1961: Superficie n.º 1 (conjunto de cámara); Sinfonietta Progresiva para orquesta de cuerda.
  • 1962: Espacios variados; Superficie n.º 2 para violonchelo.
  • 1963: Permutado para violín y guitarra; Superficie n.º 4; Morfología sonora para piano.
  • 1964: Mixturas, un mosaico de timbres y textos músicos.
  • 1965: Heterofonías, mutación de timbres en un marco de cámara.
  • 1966: Episodio para bajo; Traza, una línea de pensamiento musical en desarrollo.
  • 1967: Músicas de cámara, destacando la intimidad de la formacion.
  • 1968: Continuo para piano, una exploración de líneas y impulsos.
  • 1969: Polifonías, tensión y exuberancia de voces entrelazadas.
  • 1970: Oda für Marisa, una dedicación personal convertida en texto orquestal.
  • 1971: Relatividades, un viaje entre estructuras y tempos relativos.
  • 1974: Sinfonía en do; Negaciones de San Pedro para bajo y coro; Presencia para cuarteto de cuerda y piano; Per due, una colección de gestos sonoros.
  • 1976: Superposiciones variables; Así; Tiempos para violonchelo y piano; Pieza I, breves destellos de ideas singulares.
  • 1977: Achode, quinteto de clarinete.
  • 1978: Villanesca; Entrada; Juegos, una tríada de imaginarios sonoros.
  • 1979: A mi aire; Qué familia; Superficie n.º 5 para contrabajo, labor de sonoridad profunda.
  • 1980: Variantes combinadas para música de cámara; Sinfonía n.º 2; Galatea, Rocinante y Preciosa; Koankinteto; Variantes combinadas, un mosaico de timbres.
  • 1981: Béla Bartók I; Tres piezas, homenaje a tradiciones y experimentación.
  • 1982: Himno del Athletic Club, versión musical para la hinchada y la identidad vasca.
  • 1984: Las siete palabras de Cristo en la Cruz, un ciclo sacro de marcada intensidad.
  • 1985: Variaciones concertantes para espacios variados n.º 2.
  • 1986: Nostálgico para piano y orquesta, una mirada hacia la memoria y la emoción.
  • 1987: Perpetuo, cántico, final para piano, un recorrido de ideas repetidas con variaciones sutiles.
  • 1988: El retablillo de Don Cristóbal; Para Fráderic, tríos que amplían los colores de cámara.
  • 1989: La Celestina, ballet en colaboración con el equipo teatral y coreográfico.
  • 1990: Sinfonía n.º 3; Scherzo, un giro enérgico dentro del marco sinfónico.
  • 1992: Scherzo, una continuación del impulso rítmico; 2001: Fantasías, una colección de ideas libres y expresivas.

Premios y distinciones

La trayectoria de Bernaola estuvo jalonada por reconocimientos que celebraron su madurez artística, su labor educativa y su contribución a la cultura musical. A lo largo de su carrera recibió una serie de distinciones nacionales e internacionales que atestiguan su influencia y su capacidad para generar lenguajes nuevos.

  • 1955: Mención Honorífica en el Premio Nacional de Música, señal de la promesa que ya destacaba entre sus pares.
  • 1956: Premio Samuel Ross, una distinción que reconocía su destreza en la composición emergente.
  • 1956: Premio Nacional de Compositores del SEU, enmarcado en la escena musical de la época.
  • 1959: Premio Roma (Sección Española), un reconocimiento que lo situó en el mapa artístico europeo.
  • 1962: Premio Nacional de Música, consolidando su trayectoria como uno de los grandes de su generación.
  • 1967: Premio Nacional de Música Cinematográfica, homenaje a su aporte al mundo audiovisual.
  • 1987: Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, reconocimiento oficial a su impacto cultural.
  • 1989: Premio Goya a la mejor música original por Pasodoble, un hito en la relación entre cine y música en España.
  • 1990: Medalla de Oro» de Vitoria, distinción de la ciudad vasca por su aportación artística.
  • 1992: Premio Nacional de Música, una coda de reconocimiento a su trayectoria consolidada.
  • 1994: Premio Sabino Arana, y ese mismo año ingreso en el Real Colegio de Bellas Artes de San Fernando, uno de los instituidos más prestigiosos de España.
  • 1998: Doctor honoris causa por la Universidad Complutense, un homenaje a su influencia educativa y creativa.
  • 2001: Premio de Música de la Fundación Guerrero, que reconocía su aportación al patrimonio musical nacional.
  • Otras distinciones y nombramientos honoríficos contemplan la imagen de una escuela de música y la nomenclatura de conservatorios y bandas municipales de su tierra natal, que se aferran a su memoria.

Además de estas distinciones, el municipio de Medina de Pomar le concedió el título de hijo adoptivo y dedicó una calle a su nombre, un testimonio tangible de la huella que dejó en su territorio natal.