Fermín Galán
| Nombre completo | Fermín Galán |
|---|---|
| Descripción | Militar español (1899-1930) |
| Fecha de nacimiento | 04-10-1899 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 14-12-1930 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | militar, caballero legionario |
| Grupos | Real y Militar Orden de San Fernando |
| Idiomas | español |
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Fermín Galán Rodríguez nació en San Fernando, Cádiz, en 1899, y su desaparición tuvo lugar en Huesca en diciembre de 1930, cuando la Restauración enfrentaba su último ciclo de cambios. Su vida militar transcurrió entre campamentos, campañas africanas y decisiones arriesgadas que le marcaron de forma definitiva. Su trayectoria, caracterizada por la disciplina y una creciente conciencia política, dejó una huella que resonó mucho después de su partida y contribuyó a convertirlo en símbolo para quienes defendían la República.
Fermín Galán Rodríguez nació en San Fernando, Cádiz, en 1899, y su desaparición tuvo lugar en Huesca en diciembre de 1930, cuando la Restauración enfrentaba su último ciclo de cambios. Su vida militar transcurrió entre campamentos, campañas africanas y decisiones arriesgadas que le marcaron de forma definitiva. Su trayectoria, caracterizada por la disciplina y una creciente conciencia política, dejó una huella que resonó mucho después de su partida y contribuyó a convertirlo en símbolo para quienes defendían la República.
Biografía
Guerra del Rif
La Guerra del Rif fue el marco en el que Galán consolidó su temple. Provenía de una familia cuyo sostén era un suboficial de la Armada, y recibió en la Academia Militar de Infantería de Toledo la formación que forjó su carácter de mando. En 1924, ya con el grado de teniente dentro de la Legión, formó parte de la VII Compañía de la III Bandera, desplegada en el área oriental del protectorado. Su unidad llevó a cabo diversas operaciones encaminadas a garantizar el abastecimiento de posiciones rodeadas por fuerzas adversarias. En una acción cercana a Sidi-Messaud, junto a Ben Tieb, Galán destacó por su efectividad y recibió la mención en la orden de la operación, elogios que figuran en el parte elaborado por uno de los mandos tope de la época. En Aduar de Xeruta la columna sufrió emboscadas; los legionarios sostuvieron el combate cuerpo a cuerpo pese a las bajas, y Galán resultó herido de gravedad, siendo evacuado para recibir atención médica.
Durante la convalecencia, en el Hospital Militar de Madrid-Carabanchel, Galán canalizó su experiencia a través de la literatura. Escribió la novela La barbarie organizada, en la que, mediante una narración con personajes de ficción, expone su visión de lo vivido en África y el profundo impacto humano que dejó la contienda, dejando entrever una sensibilidad que contrastaba con la dureza de la vida militar y la crudeza de la guerra.
Primera sublevación y cárcel
En 1926 participó en la Sanjuanada, una rebelión militar contra la dictadura de Primo de Rivera, que marcó un choque frontal con el régimen y abrió una etapa de enfrentamientos políticos. Tras aquel episodio, fue juzgado en Barcelona y recibió una sentencia de seis años de prisión en el Castillo de Montjuïc, donde compartió celda con figuras destacadas del movimiento anarquista y otras corrientes que discutían el futuro del país desde el convulso marco de la dictadura.
En Montjuïc añade a su reflexión personal un ensayo político titulado La nueva creación. El texto, elaborado con el rigor propio de un militar, indaga en la organización de la vida cuartelera y propone modelos de gobierno orientados a la gestión de las fuerzas armadas y del orden, aunque adolece de una visión limitada sobre la ciencia política y la complejidad institucional del Estado. Aun así, el escrito revela el tránsito de un joven oficial desde el rechazo a la partitocracia hacia una crítica más estructurada de las estructuras de poder.
La amnistía decretada por Dámaso Berenguer permitió su reintegro al servicio tras tres años y medio de reclusión. Regresó con el rango de capitán y fue asignado al Regimiento Galicia n.º 19, con guarnición en Jaca, un punto estratégico para las tensiones políticas y sociales de la época.
Sublevación de Jaca
En Jaca, Galán entró en contacto directo con las corrientes republicanas que ganaban adhesiones entre las tropas y la población local. Entre los nombres que forman parte de esa etapa figuran Julián Borderas Pallaruelo, José Luis Rodríguez Subirana, apodado El Relojero, Pío Díaz y Antonio Beltrán Casañas, conocido como El Esquinazau. En el transcurso de 1930 recibió una designación del recién formado Comité Nacional Revolucionario y fue señalado como delegado del Comité en Aragón. A partir de ese momento inició una intensa actividad para preparar una sublevación que hiciera visible el descontento y, a la vez, uniera a las guarniciones bajo el paraguas de la causa republicana.
Las cautelas del CRN fueron, para Galán, una señal de falta de decisión. Los aplazamientos y la demora en la fijación de una fecha no hicieron más que agotar su paciencia, que llevó a adoptar medidas más audaces. Junto a varios oficiales de la guarnición y algunos vecinos ya vinculados al movimiento, decidió tomar el control de la situación y avanzar con una acción que impulsara la rebelión. En la madrugada del 12 de diciembre de 1930, la ciudad de Jaca vivió el inicio de su insurrección, cuyas columnas se movieron por ferrocarril y carretera con la expectativa de que otras guarniciones se sumarían para dar alcance a un movimiento de alcance nacional.
Fracaso y condena a muerte
El desenlace de la intentona fue rápido y contundente. El Gobierno respondió con rapidez, situando fuerzas en las lomas de Cillas para detener el avance y cortar la ruta hacia Huesca. Cuando la columna rebelde llegó al entorno de Cillas, las tropas gubernamentales entablaron combate; la desbandada fue rápida y desordenada. Galán, sorprendido por la presencia de unidades enemigas, mantuvo la compostura y siguió luchando, hasta que varios oficiales se apresuraron a abandonar el escenario y lo subieron a un coche para retirarse. Después de recorrer algunos kilómetros, detuvieron la marcha en Biscarrués y, junto a dos oficiales, se entregó al alcalde local como la autoridad disponible. La Guardia Civil irrumpió en el lugar y llevó a los tres detenidos al Gobierno Militar de Huesca, donde esa noche y gran parte de la madrugada siguiente quedaron sometidos a un consejo de guerra sumario que los condenó a muerte, junto a Ángel García Hernández.
La ejecución tuvo lugar el 14 de diciembre, en un claro situado a las tapias del polvorín de Fornillos, a corta distancia de Huesca. Galán asumió el mando de la operación de fusilamiento y cayó con un grito de apoyo a la causa republicana: Viva la República. Fue enterrado en el cementerio civil de la ciudad altoaragonesa, cerrando así un episodio de choque entre el ejército y un movimiento que aspiraba a transformar el panorama político de España.
Héroe de la República
La llegada de la Segunda República trajo consigo una revisión de los personajes que habían participado en el intento de transformar el país. El nuevo gobierno republicano decidió reconocer la trayectoria de Galán y de otras figuras vinculadas al golpe fallido, reabriendo expedientes y promoviendo la revaloración de su legado. En ese proceso se revaloró la Cruz Laureada de San Fernando, otorgada de forma póstuma a Galán por su desempeño en la Legión Española durante la guerra africana. En la memoria colectiva surgió la figura de dos capitanes de infantería como símbolos del republicanismo que emergía en aquel periodo.
La remodelación del recuerdo urbano fue notable: en la primera sesión del Ayuntamiento republicano de Madrid se decidieron cambios en la nomenclatura de calles y plazas para plasmar la memoria de Galán. Entre las decisiones se contó atribuirle a la Plaza de Isabel II el nombre de Fermín Galán, en un gesto público de homenaje y reparación simbólica ante un episodio de la historia reciente.
Los hermanos de Galán continuaron la trayectoria militar familiar: Francisco Galán y José María Galán siguieron carreras en el ejército, y Francisco emergió como una figura influyente dentro de organizaciones de la izquierda, mientras que José María se encargó de dejar constancia biográfica del relato de su hermano Fermín. Estas dinámicas familiares aportaron una dimensión adicional a la memoria de la época y al debate político que se abrió tras la caída de la Monarquía.
La presencia cultural de Fermín Galán fue notable en el periodo de 1931, cuando el cine español llevó su historia a la gran pantalla y, de forma paralela, el teatro recogió escenas de su vida en una pieza de Rafael Alberti. A nivel urbano, su figura no pasó desapercibida y se convirtió en motivo de homenaje y reflexión, acompañada de otros símbolos republicanos de la época.
Recorridos urbanos y memoriales enseñaron también la memoria de Galán en diversas ciudades. En Éibar, la calle Bidebarrieta recibió el nombre del militar en la época de la República, como parte de un programa de reconocimiento de figuras vinculadas a la historia reciente. Valencia, junto a Miguel Ángel García Hernández, recuerda al dúo de capitanes con una denominación específica en la Plaça dels Capitans Galán i Garcia Hernandez. En Burjasot, la memoria se repite en la calle Fermín Galán y García Hernández y en la avenida Mártires de la Libertad, consolidando así un trípico de reconocimientos que acompaña a la memoria de aquellos años turbulentos.
Conclusión histórica, la vida de Fermín Galán Rodríguez es un testimonio de la complejidad de un periodo en el que las instituciones, las ideologías y las vidas individuales se entrelazaron de forma intensa. Su papel en la Legión, su experiencia en el Rif y su participación en la sublevación de Jaca reflejan un intento de dar forma a una España en tránsito. Más allá de la controversia y de la tragedia de su ejecución, Galán representa, para muchos, la ética de un oficial que llevó su compromiso hasta el límite y se convirtió en un emblema de la memoria republicana.