Vida Icónica VIDAICÓNICA

Nicolás Salmerón

Nombre completo Nicolás Salmerón
Nombre nativo Nicolás Salmerón Alonso
Descripción Político español
Fecha de nacimiento 10-04-1838
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 20-09-1908
Nacionalidad España
Ocupaciones filósofo, escritor, político, profesor universitario
Idiomas español
HermanosFrancisco Salmerón y Alonso
EsposasCatalina García
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Nicolás Salmerón Alonso fue una figura destacada en la historia política, jurídica y filosófica de España. Su trayectoria abarcó la docencia universitaria, la oratoria parlamentaria y una formación ideológica que atravesó krausismo y positivismo. Nacido en una localidad almeriense hacia 1837–1838 y fallecido en Pau en 1908, su vida se caracterizó por un firme compromiso con la libertad, la justicia y la búsqueda de un marco institucional estable para la república. Su experiencia personal, marcada por convicciones éticas y una ética de la conciencia, dejó huellas profundas en la cultura cívica de su tiempo.

Nicolás Salmerón — Imagen principal
Firma de Nicolás Salmerón

Nicolás Salmerón Alonso fue una figura destacada en la historia política, jurídica y filosófica de España. Su trayectoria abarcó la docencia universitaria, la oratoria parlamentaria y una formación ideológica que atravesó krausismo y positivismo. Nacido en una localidad almeriense hacia 1837–1838 y fallecido en Pau en 1908, su vida se caracterizó por un firme compromiso con la libertad, la justicia y la búsqueda de un marco institucional estable para la república. Su experiencia personal, marcada por convicciones éticas y una ética de la conciencia, dejó huellas profundas en la cultura cívica de su tiempo.

Biografía

La historia familiar de Salmerón se inscribe en el entorno rural de Alhama la Seca, donde se forjaron sus primeros planteamientos intelectuales. Su año de nacimiento no está fijado con exactitud: oscila entre 1837 y 1838. Hijo de un médico rural de ideas liberales, Francisco Salmerón López, y de Rosalía Alonso García, recibió desde la infancia un clima de diálogo político y preocupación por el bien común. Bautizado como Nicolás María del Carmen, enfrentó la pérdida de su madre poco después de nacer y fue criado por su hermana mayor, lo que estimuló en él una sensibilidad especial para entender la responsabilidad familiar y social. Su hermano mayor, Francisco Salmerón, también emergió como figura pública, fortaleciendo una tradición familiar de servicio público y compromiso cívico.

Las primeras etapas educativas se desarrollaron en su tierra natal y, posteriormente, en la Universidad de Granada, donde cursó Derecho y Filosofía y Letras hasta 1855. Allí nació una amistad crucial: con Francisco Giner de los Ríos, con quien compartiría jornadas de reflexión y labor educativa que trascenderían su generación. En la capital, la formación filosófica continuó en Madrid en 1858, bajo la tutela de Julián Sanz del Río, y fue entonces cuando se adentró de lleno en el krausismo, una corriente que combinaría con el desarrollo del pensamiento positivista en sus años posteriores. Su vocación por la enseñanza se consolidó como eje de vida y de acción pública.

En 1859 inició su trayectoria académica como profesor auxiliar de filosofía en el Instituto San Isidro de Madrid, y un año después consiguió plaza en la Universidad Central de Madrid en la facultad de Filosofía y Letras, también como auxiliar. En 1865 renunció para evitar sustituir a Emilio Castelar, y mantuvo su actividad docente en la capital, donde la enseñanza se convirtió en su principal sustento y escenario de influencia. Después de obtener el doctorado en 1864, le fue ofrecida la cátedra de Historia Universal en la Universidad de Oviedo, aunque nunca llegó a ocuparla. En ese periodo, Salmerón se centró en el desarrollo de su carrera educativa en Madrid y en la creación de espacios que promovieran un aprendizaje crítico y humano.

Salmerón dio un paso importante al impulsar el Colegio Internacional junto a José Llanes en 1866, un antecedente claro de la futura Institución Libre de Enseñanza y de un proyecto pedagógico que integraba libertad, ciencia y cultura. En 1867 recibió la cátedra de Filosofía en la Universidad Central de Madrid, consolidando su autoridad académica y su influencia en la esfera cultural y educativa de la época. Su liderazgo se manifestó también en la participación en redes de pensamiento que conectaban universidades, cafés intelectuales y círculos de debate, donde el pensamiento democrático y radical se discutía con pasión.

La vida pública de Salmerón se vio marcada por su involucramiento en conflictos políticos y debates filosóficos. Frecuentó tertulias en el Café Universal y formó parte de circuitos de discusión en la calle Cañizares, donde articuló su postura a favor de la democracia. Afiliado al Partido Democrático, publicó una serie de artículos en periódicos progresistas como La Discusión y La Democracia. En junio de 1867 fue detenido y permaneció varios meses entre rejas en la Cárcel del Saladero por su implicación en conspiraciones junto a figuras como Pi y Margall, incidentes que marcaron un año de intensos desencuentros políticos y expectativas reformistas.

Con la llegada de la Revolución de 1868, su vida dio un giro hacia la consolidación de la vida universitaria en Madrid, al tiempo que se reanudaba su labor docente y su participación en las juntas revolucionarias. Este periodo de agitación política dejó una impronta clara en su perfil: fue un defensor decidido de reformas democráticas y de un marco institucional que pudiera sostener las aspiraciones republicanas. Su papel en la vida académica y en las estructuras políticas de la época se interpretó como un compromiso con la construcción de una España más abierta y liberal.

Durante el Sexenio Democrático, Salmerón intensificó su presencia en el escenario público. En 1869 intentó ingresar a las Cortes por la provincia de Almería, pero no logró obtener un escaño, hecho que no empañó su persecución de un republicanismo moderado. En la refundación del Partido Democrático dio paso al Partido Republicano Democrático Federal, y ese mismo año fue nombrado catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid. En 1871 resultó elegido diputado, representando por primera vez a la provincia de Badajoz, y defendió un modelo unitario frente a las corrientes federalistas, a la vez que apoyó las ideas de la Primera Internacional y el derecho de los trabajadores a asociarse, en coherencia con su visión de una sociedad regida por la justicia y la dignidad humana.

La figura de Salmerón adquiere un relieve particular durante el reinado de Amadeo I, cuando su oratoria y su presencia pública le granjearon la estima de los republicanos. Tras la abdicación del monarca, en febrero de 1873 se proclamó la Primera República, y Salmerón asumió responsabilidades de alto nivel. En el gobierno de Estanislao Figueras ocupó la cartera de Gracia y Justicia, y su hermano Francisco asumió la de Ultramar. En ese periodo impulsó políticas que buscaban la abolición de la pena de muerte y la ampliación de derechos civiles, en un marco de intensas tensiones entre republicanismo, order y experimentación institucional.

La dinámica de la crisis republicana llevó a que, el 13 de junio, Salmerón fuera elegido presidente de las Cortes Generales, y poco después, ante la inestabilidad del momento, sus colegas decidieron nombrarlo Presidente del Poder Ejecutivo de la República el 18 de julio de 1873. Su mandato coincidió con tres guerras y con una continua guerra civil que desbordó las capacidades de un gobierno aún incipiente. Las tensiones entre los distintos sectores de la República, las amenazas de intervenir militarmente y la necesidad de sostener la legalidad generaron un escenario de crisis permanente, en el que Salmerón defendió la prudencia y la defensa de la vida incluso frente a presiones extremas.

Durante su tiempo al frente del ejecutivo debió coordinarse con las acciones de los generales Arsenio Martínez Campos y Manuel Pavía, y se enfrentó a el auge de la rebelión cantonal que afectó a ciudades como Sevilla, Valencia y Cádiz. Aunque algunas fuerzas cantonalistas obtuvieron victorias temporales, el avance gubernamental fue decisivo y las tropas cantonalistas de Cartagena estuvieron a punto de consolidar un triunfo parcial en Orihuela, que luego se deshizo ante la superioridad de las fuerzas centralistas. En medio de este panorama, Salmerón tomó la decisión de dimitir el 7 de septiembre, argumentando su negativa a firmar condenas a muerte de militares que habían participado con los cantonalistas. Dos días después asumió la presidencia del Congreso de los Diputados, cerrando así su ciclo como jefe del Ejecutivo y quedando su figura asociada a la defensa de la vida y la legalidad frente a la violencia revolucionaria.

El desenlace de aquella etapa vino con el pronunciamiento de Sagunto en 1874, que dio paso a la Restauración borbónica y, por un tiempo, Salmerón volvió a la labor docente en su cátedra de Metafísica, en la que impartía lecciones de rigor y profundidad. Sin embargo, en 1875 fue objeto de una amplia depuración universitaria durante el gobierno de Antonio Cánovas del Castillo, que se llevó por delante a varios krausistas y a sus colegas vinculados a la Institución Libre de Enseñanza. Dos años después, en 1876, junto a Manuel Ruiz Zorrilla, firmó el manifiesto fundacional del Partido Republicano Progresista, lo que desencadenó un largo periodo de exilio en París, donde ejerció como abogado y cultivó la amistad con figuras como Georges Clemenceau. En esa ciudad mantuvo tertulias en casa que reunieron a personalidades como Bernardino Machado y Victor Hugo, en una coyuntura de intercambio intelectual intenso. Al regresar a Madrid en 1885, gracias a la amnistía de Sagasta, recuperó su cátedra y volvió a integrarse en la vida universitaria de la capital.

Con el retorno al Parlamento tras doce años de ausencia, Salmerón reingresó en las filas del Congreso tras las elecciones de 1886, junto a Azcárate y Pi y Margall. En este periodo tomó distancia de Ruiz Zorrilla para defender métodos pacíficos ante la rebelión de Villacampa y, al mismo tiempo, criticó a quienes apostaban por confrontaciones. Este choque ideológico provocó que algunos compañeros abandonaran el Partido Progresista, y en 1887 fundó el Partido Republicano Centralista, que buscaba un cauce unitario para la acción republicana. Su trayectoria parlamentaria se reforzó cuando, en 1891, obtuvo el acta de diputado por la provincia de Barcelona, y se integró posteriormente a la coalición conocida como la Fusión Republicana, permaneciendo en el Parlamento catalán hasta 1907.

Durante estas etapas, Salmerón cultivó una idea de republicanismo que se distanciaba de las posturas federalistas y de las corrientes más radicales. Su voz fue mencionada por historiadores como Claudio Sánchez Albornoz como un referente de una “sombra de la futura República” que trataba de convertir el proyecto en una realidad institucional más que en una utopía. Paralelamente, dirigió el periódico La Justicia. Diario Republicano (1888–1897), medio en el que comunicaba sus propuestas de progreso, y fundó la Unión Republicana en 1903, una iniciativa que trataba de canalizar la diversidad de los republicanos en una estrategia común. Su labor en la defensa de las libertades se vinculó a un activismo legal que lo llevó a intervenir en casos destacados, como el proceso del crimen de la calle Fuencarral en 1889, donde participó como abogado defensor.

En los últimos años de su vida, Salmerón adoptó una visión más moderada respecto a las identidades regionales, abrazando un catalanismo moderado y presidiendo la coalición Solidaridad Catalana, que alcanzó un notable crecimiento en las elecciones de 1907 y que terminó siendo reflejo de la crisis del caciquismo y del Turno político. Su consolidación como figura pública se mantuvo gracias a una dedicación incansable a la jurisprudencia, la pedagogía y la participación cívica, que cruzó generaciones y dejó una estela de referencias para las nuevas generaciones de republicanos.

El último episodio de su existencia transcurrió en Pau, una ciudad francesa donde pasó sus últimos días de descanso. Falleció el 20 de septiembre de 1908 y, años después, sus restos fueron trasladados al cementerio civil de Madrid, junto a otros grandes de la República, y se erigió un mausoleo cercano al de Pi y Margall. Su epitafio, redactado por Georges Clemenceau, recordó que abandonó el poder por no firmar una sentencia de muerte. En 2008 se conmemoró su muerte con actos en distintos lugares de España, aunque algunas instituciones no organizaron homenaje formal para un almeriense que llegó a ser Presidente del Poder Ejecutivo de la República.

En síntesis, la biografía de Nicolás Salmerón Alonso se caracteriza por una continuidad entre educación y política, entre la defensa de la libertad individual y la búsqueda de instituciones que sostengan la justicia y la convivencia democrática. Sus décadas de labor académica y su dedicación a la causa republicana dejaron una herencia de método, de integridad y de confianza en que la educación puede ser motor de progreso social, incluso en momentos de gran turbulencia institucional.

Premio Nicolás Salmerón de Derechos Humanos

Desde 2009 se celebra el Premio Nicolás Salmerón de Derechos Humanos, iniciativa impulsada por el Ateneo de Madrid y gestionada por la Fundación Internacional de Derechos Humanos. La premiación tiene lugar cada 10 de diciembre, conmemorando la fecha de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y busca reconocer a personas y entidades que hayan destacado por su defensa de la dignidad humana y la justicia social. Este galardón ha ido evolucionando a lo largo de las distintas ediciones, incorporando categorías y formando un elenco de figuras que, desde distintos ámbitos, han impulsado valores universales.

Entre quienes han recibido este reconocimiento se cuentan figuras de alta relevancia internacional y ejemplos de compromiso cívico, cultural y político. El premio ha servido para situar la figura de Salmerón en un marco contemporáneo de derechos humanos, vinculando su legado con las luchas actuales por la libertad, la igualdad y la defensa de las libertades fundamentales. La institución que convoca el premio subraya que su ejercicio busca inspirar nuevos esfuerzos para fortalecer el estado de derecho y la cohesión social, manteniendo vivo el ejemplo de quienes prefirieron la integridad personal ante la coerción y la violencia.

Por su parte, el Ateneo de Madrid y la Fundación Internacional de Derechos Humanos destacan la importancia de la memoria histórica como motor de compromiso cívico, y entienden el premio como un puente entre el pasado de las libertades y el presente de las sociedades que buscan consolidarlas. En ese sentido, el reconocimiento a Nicolás Salmerón se inserta en una tradición de memoria activa que busca clarificar, cuestionar y, sobre todo, estimular la responsabilidad de las instituciones y de la ciudadanía ante los abusos, la opresión y las violaciones de derechos humanos. Este enfoque persiste como un recordatorio de que el legado de Salmerón continúa siendo fuente de reflexión para las generaciones actuales.