Pedro Domingo Murillo
| Nombre completo | Pedro Domingo Murillo |
|---|---|
| Descripción | Abogado, político y precursor de la revolución autonomista leal a la Monarquía Hispánica en La Paz, en la actual Bolivia |
| Fecha de nacimiento | 17-09-1757 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 29-01-1810 |
| Nacionalidad | Bolivia |
| Ocupaciones | abogado, político |
| Idiomas | español |
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Pedro Murillo, también citado en las crónicas como Pedro Francisco Murillo y, ya en la historia, como Pedro Domingo Murillo, nació en el ámbito de Suri, en lo que hoy es parte de Cajuata, y vivió entre los siglos XVIII y principios del XIX. Su trayectoria lo convirtió en una figura clave de la etapa preindependentista de Alto Perú, vinculada a la defensa de instituciones reales frente a las aspiraciones revolucionarias. Su legado quedó grabado como Héroe Nacional de Bolivia, reconocimiento que celebra la nación cada 16 de julio y su memoria perdura en los relatos de la guerra por la libertad.
Pedro Murillo, también citado en las crónicas como Pedro Francisco Murillo y, ya en la historia, como Pedro Domingo Murillo, nació en el ámbito de Suri, en lo que hoy es parte de Cajuata, y vivió entre los siglos XVIII y principios del XIX. Su trayectoria lo convirtió en una figura clave de la etapa preindependentista de Alto Perú, vinculada a la defensa de instituciones reales frente a las aspiraciones revolucionarias. Su legado quedó grabado como Héroe Nacional de Bolivia, reconocimiento que celebra la nación cada 16 de julio y su memoria perdura en los relatos de la guerra por la libertad.
Primeros años
El linaje de Pedro Murillo permanece envuelto en ambigüedades. Según testimonios de época, un recién nacido fue abstraído de la puerta de la casa de Ninfa Salazar y criado por Juan Ciriaco Murillo Salazar, quien habría sido su padre adoptivo. Esta versión, expuesta por los testigos, señala la posibilidad de una relación parental que no necesariamente coincidía con la sangre, pero sí con la vida que lo acompañó desde la infancia. En este marco, el joven Pedro creció bajo una protección que, aunque modesta, le dio la oportunidad de formarse y abrirse camino en un mundo dominado por haciendas y autoridades coloniales.
El origen familiar de Murillo no fue explícito en cuanto a su madre, pero algunos estudios señalan que la madre de Pedro pertenecía a la propiedad que administraba la familia Millocato. Aunque no hay documentos concluyentes, ciertos historiadores han sugerido que esa pertenencia podría vincularla a María Ascencia Carrasco y Durán. Aun así, la realidad biográfica de su progenitura permanece indeterminada, y lo que sí queda claro es que la formación del joven estuvo influida por una red de relaciones que giraban en torno a haciendas y autoridades religiosas.
Con la intención de integrarse plenamente a la vida eclesiástica y civil de la época, Juan Ciriaco Murillo se ordenó sacerdote poco después de la adopción y llevó a su hijo por diversos lugares. Es probable que Pedro cursara estudios en el Colegio Seminario de San Carlos en La Paz y, más adelante, emprendiera la carrera de Derecho en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, aunque no completó esa formación.
En 1778, Pedro contrajo matrimonio en la ciudad de Potosí con Manuela Josefa de la Concha y Olmedo, matrimonio que no estuvo exento de escándalo, pues la novia ya había vivido con otro hacendado, Manuel Aráoz, y tenía hijos. En 1779, luego de que Juan Ciriaco Murillo fuera designado sacerdote de Irupana, Pedro acompañó a su esposa y a sus hijastros hacia esa región, dando inicio a una nueva etapa de vida marcada por responsabilidades familiares y la inestabilidad de la época.
Lucha contra la rebelión indígena
En 1781 estalló la rebelión indígena liderada por Túpac Katari, y las operaciones se intensificaron en la región. En ese marco, José Ramón de Loayza Pacheco ordenó abandonar Irupana para trasladar a familias blancas y mestizas hacia la ciudad de Cochabamba. En medio de ese vaivén, Pedro Murillo emergió como una de las piezas clave para organizar la travesía y asumió el grado de teniente de milicias, testimonio de su capacidad de liderazgo en momentos de crisis.
Antes de completar el encargo, dejó a su familia a salvo en Cochabamba y se incorporó al ejército de José de Reseguín, para proseguir la lucha contra los rebeldes. En noviembre de 1781 se lo menciona entre los carceleros de Túpac Katari, y en 1782 pasó a depender del mando de Sebastián de Segurola, participando en operaciones militares frente a los insurgentes que operaban en la región de Palca. Esta etapa consolidó su experiencia militar y estrechó su vínculo con la causa realista frente a las rebeliones indígenas.
Herencia
Del matrimonio con Manuela de la Concha nacieron dos hijos: José Manuel (1782) y Francisca Paula (1783). Tras la muerte de su padre, en 1785, Juan Ciriaco Murillo dejó su fortuna a los niños, y Pedro asumió la gestión de las haciendas de Chacoma y Chiariqui, que mantenían incluso servidumbre indígena, además de otras propiedades rurales. Su posición como administrador le permitió consolidar una presión económica y social que luego sería decisiva ante los litigios familiares que siguieron.
La herencia provocó un conflicto entre Catalina Felipa Murillo Salazar, hermana de Juan Ciriaco, y Pedro Murillo. Catalina reclamó ser la única heredera ante las autoridades. En respuesta, Pedro recurrió a maniobras legales arriesgadas, llegando a falsificar un título de abogado para salvaguardar su porción de bienes. Esta artimaña desencadenó un proceso judicial que se desbordó con el tiempo y mostró las fracturas familiares que acompañaban la vida de la familia Murillo.
En 1787, abogados de renombre como José Mariano Sanjurjo presentaron denuncia por la falsificación del título de Pedro Murillo, y a partir de 1788 Catalina Murillo volvió a reclamar la herencia. En 1789, Catalina adquirió la propiedad que había heredado y, para otros fines, alquiló la hacienda Chacoma al español Joaquín Revuelta, además de instituir una capellanía para la hacienda Chiarquiri a través del Convento de las Concebidas.
La controversia no solo afectó a las propiedades, sino también a las familias. En diciembre de 1787, tras la intervención de las autoridades, Manuela de la Concha abandonó La Paz y se trasladó a Potosí con todos sus hijos, con quien convivía, el antiguo amante Manuel Aráoz. Aquella separación supuso una ruptura definitiva para el hogar que habían construido juntos.
La suerte de Murillo también se vio marcada por la acción del poder. En 1789 surgió un indulto que beneficiaría a varios capturados, y Murillo logró evitar la horca en ese momento; sin embargo, sus pérdidas materiales y familiares continuaron en el tiempo, y la vida política de la región quedaría irremediablemente ligada a las tensiones que marcaron la caída de su linaje.
Revolucionario
En 1805 emergió entre los conspiradores un grupo que buscaba desviar el curso de la dominación española, y Murillo participó en estas diligencias de carácter clandestino. Aunque fue capturado y sometido a juicio, recibió la absolución, lo que le permitió reorganizar a un grupo de patriotas y reavivar las aspiraciones de independencia, esta vez con una visión más clara y resuelta.
La chispa decisiva estalló el 16 de julio de 1809, cuando Murillo encabezó una conspiración que derivó en una sublevación. Poco después, se convocó la Junta Tuitiva y se emitió una proclama que articulaba la liberación de las tierras del Alto Perú del dominio español. El movimiento recibió el empuje de los realistas, que desplazaron tropas desde distintas direcciones, pero los insurgentes, aun con menor cantidad de hombres, trataron de sostener la lucha.
El oponente principal, José Manuel de Goyeneche, llegó a la región con un ejército considerable para sofocar la revuelta: aproximadamente cinco mil hombres frente a mil revolucionarios liderados por Murillo. El enfrentamiento decisivo ocurrió en Chacaltaya el 25 de octubre de 1809, donde Murillo demostró cierta audacia estratégica pero fue forzado a retroceder hacia el Valle de Zongo. Allí cayó en manos de las fuerzas del coronel Domingo Tristán, y fue entregado a Goyeneche en la ciudad de La Paz.
Murillo huyó inicialmente hacia la región de Yungas para evitar la captura, pero fue aprehendido luego en Chicaloma y devuelto a La Paz, donde quedó a merced de la horca junto a otros insurrectos el 29 de enero de 1810. Sus últimas palabras, registradas como testimonio de su fe en la causa que abrazó, resonaron entre los presentes como un acto de convicción hasta el final de su vida.
El recuerdo de la gesta de Murillo quedó grabado en la memoria de la ciudad de La Paz, donde cada 16 de julio se rememora la lucha de 1809. El ritual de celebración se inicia cuando las autoridades encenden la llamada Tea de la Libertad en la Casa de Murillo, y culmina con un desfile por el corazón de la ciudad, en el que la gente porta teas que simbolizan la "tea" de Pedro Domingo Murillo, en un homenaje que ha perdurado a lo largo de los siglos.
Legado y memoria
La figura de Pedro Murillo atraviesa la historia boliviana como símbolo de resistencia y convicción cívica. Su vida está entrelazada con la lucha por la independencia y con las tensiones heredadas del régimen colonial, que vieron en su persona a un líder capaz de coordinar esfuerzos, asumir riesgos y enfrentar la adversidad. Su memoria se mantiene viva en el relato histórico y en las ceremonias que recuerdan la gesta de 1809, que sentó las bases para un proceso de emancipación que, años más tarde, cristalizaría en la realidad institucional de la nación.
- Concepción de una Junta Tuitiva: su liderazgo en la proclamación que buscaba liberar tierras y personas del dominio español.
- Compromiso con el Alto Perú: su acción política y militar dejó una marca en la comprensión de la identidad regional frente al virreinato.
- Memoria histórica: la celebración anual en La Paz establece un vínculo entre pasado y presente, recordando la posibilidad de forjar un destino distinto a través del sacrificio.