Vida Icónica VIDAICÓNICA

Remedios Varo

Nombre completo María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga
Nombre nativo Remedios Varo
Descripción Pintora española
Fecha de nacimiento 16-12-1908
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 08-10-1963
Nacionalidad España
Ocupaciones pintor, escultor, dibujante, artista
Géneros figura, pintura del paisaje, vista interior
Grupos Sociedad de Artistas Ibéricos, Grupo Logicofobista
Idiomas catalán, español
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María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga fue una artista cuya trayectoria traspasó fronteras entre Europa y América, dejando una huella indeleble en el surrealismo y en la plástica del siglo XX. Nacida en una localidad de la provincia de Gerona y fallecida en la Ciudad de México, su vida estuvo marcada por un periplo que la llevó a vivir en varias ciudades, a explorar múltiples oficios y a cultivar una mirada mística y científicamente insinuante. En su obra conviven sueños, símbolos y escenarios que ponen en cuestión la realidad cotidiana y abren puertas a universos posibles.

Remedios Varo — Imagen principal

María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga fue una artista cuya trayectoria traspasó fronteras entre Europa y América, dejando una huella indeleble en el surrealismo y en la plástica del siglo XX. Nacida en una localidad de la provincia de Gerona y fallecida en la Ciudad de México, su vida estuvo marcada por un periplo que la llevó a vivir en varias ciudades, a explorar múltiples oficios y a cultivar una mirada mística y científicamente insinuante. En su obra conviven sueños, símbolos y escenarios que ponen en cuestión la realidad cotidiana y abren puertas a universos posibles.

Biografía

Primeros años

En los orígenes de su historia, Remedios nació en Anglés, un municipio situado en la provincia de Gerona, y desde muy joven la familia se trasladó a Madrid, donde la vida familiar y la salud precaria de la joven condicionaron su infancia. Su padre, Rodrigo Varo y Zejalvo, ejercía como ingeniero y era un hombre de ideas liberalistas que estudiaba el esperanto, además de sentir especial curiosidad por la mineralogía. Procedía de Cabra, un pueblo de Andalucía, y su mundo estaba marcado por el interés social y la búsqueda de conocimientos. Su madre, Ignacia Uranga y Bergareche, tenía raíces argentinas y una vida religiosa que dejó una impronta de fe y promesas en la criatura que vino a llamarse Remedios. En medio de su entorno, Remedios mostró desde muy temprano una inclinación natural por la pintura, una pasión que coexistía con una salud delicada y la fascinación por el mundo de lo invisible y lo simbólico.

La influencia de Anglés en su obra puede rastrearse en la memoria de la infancia, no sólo por vínculos familiares sino también por la participación de su padre en actividades locales que promovían el cultivo de proyectos comunitarios, entre ellos iniciativas de signo esperantista. Estas vivencias quedaron grabadas en algunas de sus piezas, donde se vislumbran paisajes y escenas que remiten a la geografía de su lugar natal. A lo largo de su niñez, la joven mostró una clara propensión a la representación visual de ideas y emociones, un camino que más tarde adoptaría con rigor técnico y una sensibilidad poética que rozaba lo místico.

Periodo 1924 - 1941

Con dieciocho años, impulsada por su padre, Entró en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, uno de los hitos que marcaban un avance significativo para las mujeres en la enseñanza artística. En esa etapa temprana compartió espacios y conversaciones con jóvenes artistas en la Residencia de Estudiantes, donde el clima de libertad intelectual y creatividad dejó una huella permanente en su formación. En 1930 participó en una exposición colectivo y, al terminar sus estudios, contrajo matrimonio con Gerardo Lizarraga, un compañero de la academia, con quien pasó un año en París para abrirse a experiencias nuevas.

En 1932 regresó a España y estableció su vida en la Barcelona de la República, en el vecindario de Gracia, donde encontró su casa y su estudio en la plaza de Lesseps, además de ejercer como dibujante publicitaria. En esa ciudad, la atmósfera política y el pulso artístico de la época la envolvieron de manera intensa, un marco que la impulsó a integrarse al grupo surrealista catalán conocido como Logicofobista, cuyo objetivo era expresar estados mentales internos a través de imágenes y símbolos sugerentes. En esos años, el salto entre la pintura y el diseño gráfico se volvió una línea de trabajo que le permitió experimentar con distintas técnicas, soportes y lenguajes visuales.

Durante 1935, el estudio de Remedios se convirtió en un cruce de colegas del surrealismo; compartió espacio con Esteban Francés, quien la introdujo al circuito surrealista de París, y la llegada de Marcel Jean y Óscar Domínguez enriqueció su experiencia creativa. En ese mismo periodo, surgieron rupturas sentimentales y nuevas alianzas que marcaron su biografía personal y profesional. Aparecieron, además, experiencias colectivas como los cadávères exquisits, una práctica lúdica que dio lugar a obras conjuntas y a la exploración de la colaboración entre artistas. En ese ambiente, también participó en exposiciones en Madrid, y entre sus obras de esa época destaca Composición, que mostró una mirada ya madura hacia la composición y la distribución de elementos en el espacio pictórico.

La troupe surrealista catalana a la que se unió buscaba traducir estados anímicos en imágenes, una línea de trabajo que ella abrazó con particular intensidad. En esa ruta, pintó piezas como L’Agent Double, una pieza temprana que anticipaba rasgos característicos de su estilo, con una visión en la que el objeto se funde con el sujeto y la fantasía se apoya en la precisión del trazo. En mayo de 1936, participó en una histórica muestra colectiva de Logicofobista organizada en la librería Catalònia de Barcelona, junto a nombres como Artur Carbonell i Carbonell y Leandre Cristòfol, entre otros, una cita que consolidó su lugar en el panorama artístico de la época. En paralelo, presentó sus dibujos en Madrid, junto a otros creadores, y entre su producción de aquel entonces emergió una serie de piezas que mostraban su curiosidad por la geometría del mundo y la relación entre lo humano y lo mecánico.

Durante la Guerra Civil Española apoyó al Bando Republicano y, en ese periodo convulso, estrechó lazos con Benjamin Péret, poeta surrealista francés afiliado al POUM, quien se convertiría en su gran amor para la crónica de su vida. En 1937, ella y Péret se apartaron temporalmente para viajar hacia Francia; en París, Remedios se reunió de nuevo con su pareja, incorporándose al mundo parisino que sería clave para su desarrollo artístico y espiritual. Paralelamente, forjó amistades con figuras de renombre como Max Ernst, Victor Brauner, Joan Miró, Dora Maar y Leonora Carrington, con quienes participó en encuentros culturales en los cafés y salones de la ciudad.

Entre anécdotas y declaraciones, se ha recordado que a Remedios le encantaba participar en actos surrealistas que desbordaban las normas, como fotografiarse vestida de torera o intercambiar cartas con desconocidos escogidos al azar a partir de listines telefónicos; gestos que, según la memoria de colegas, ilustraban su fascinación por la libertad de lo imposible. En ese periodo, además, viajó a Tokio para participar en la Exposición Internacional del Surrealismo y su obra Le désir, publicada de forma notable, alcanzó difusión en revistas y exposiciones europeas. La experiencia en París y en Amsterdam abrió horizontes para su práctica, que se nutrió de colaboraciones en viñetas y de la difusión de sus imágenes en revistas especializadas. En ese tiempo, además, asumió tareas de voz y traducción de conferencias para públicos latinoamericanos, ampliando así su alcance intelectual y su red de contactos.

El conflicto bélico tocó de lleno su vida: Péret fue encarcelado por negarse a responder de forma pasiva ante la invasión nazi, y Remedios, también detenida, terminó liberándose para hallar refugio en la Francia de Vichy. Zarpó hacia Canet-Plage y posteriormente a Marsella, en la Villa Air-Bel, junto a otros artistas e intelectuales que habían buscado refugio. Gracias a las gestiones del rescate artístico liderado por Varian Fry, consiguió salir de Europa hacia Casablanca y, poco después, arribar a México a bordo del Serpa Pinto, estableciendo así el inicio de una nueva etapa en su vida y en su obra.

Etapa mexicana

Ya en suelo mexicano, Remedios y Péret se integraron en una comunidad de exiliados y creadores que favoreció el desarrollo de su labor plástica y literaria. En la capital mexicana ya se había celebrado la Exposición Internacional del Surrealismo en México y su obra Recuerdo de la Walkyria había sido exhibida previamente. En este contexto, la pintora forjó amistades importantes con artistas y escritores como Leonora Carrington y Octavio Paz, manteniendo también lazos afectivos y laborales con Eva Sulzer, entre otros miembros de un círculo que promovía el intercambio de ideas y experiencias entre el exilio ibérico y la escena cultural mexicana. La década de 1940 fue intensa: realizó trabajos diversos que iban desde encargos de decoración hasta colaboraciones en vestuario para producciones teatrales y coreografías; entre estas colaboraciones destacó su trabajo con Marc Chagall para el vestuario del ballet Aleko, ejecutado en el Palacio de Bellas Artes. En 1946 contrajo matrimonio civil con Péret en Cholula, Puebla, a fin de obtener un pasaporte que facilitara su movilidad por Sudamérica.

En 1947 se separó de Péret, quien volvió a París; sin embargo, la artista mantuvo vínculos afectivos y profesionales con el poeta y siguió apoyándolo económicamente, incluso acompañándolo en su lecho de muerte en 1959. Su red de contactos, reforzada por décadas de vida itinerante, le permitió continuar su labor en México y más allá, al tiempo que exploraba nuevos horizontes en su pintura. En ese periodo, inició una trayectoria de investigación y experimentación que le permitió enlazar la imagen con ideas de ciencia, alquimia y psicoanálisis, y que tendría un eco duradero en su producción posterior. En 1949 decidió regresar a México para retomar su actividad de ilustración y diseño, uniendo nuevamente su mirada pictórica con encargos comerciales y artísticos que sostenían su economía y su práctica creadora.

En 1952 volvió a unir su destino al de un hombre que influiría en su carrera: Walter Gruen, un refugiado austríaco que consolidó la idea de dedicar sus esfuerzos enteramente a la pintura y le ofreció la estabilidad necesaria para avanzar. Con él, Remedios consolidó su posición en el circuito artístico de la Ciudad de México: en 1955 participó en una primera exposición colectiva en la Galería Diana y, al año siguiente, presentó una muestra individual que confirmó su consolidación en el panorama local. En esa década, su obra comenzó a ganar atención internacional y a establecer una base de seguidores que la reconocía como una figura imprescindible del surrealismo latinoamericano.

Durante su estancia en México, Remedios cultivó vínculos cercanos con Frida Kahlo y Diego Rivera, aunque su amistad más contundente resultó ser la que entabló con Leonora Carrington, otra figura central del surrealismo hispano. Este lazo fue decisivo para el desarrollo de su pintura y de su escritura, ya que cada una aportó perspectivas y experiencias que enriquecieron la obra de ambas. A través de esa red de colegas y amigas, su influencia se expandió y se consolidó como una de las voces más destacadas del surrealismo en el continente americano.

Con la llegada de Walter Gruen y las nuevas condiciones de vida, su obra fue ganando una madurez distintiva. En 1958 obtuvo el primer puesto en el Primer Salón de la Plástica Femenina en las Galerías Excélsior, un hito que subrayó su reconocimiento dentro de la escena artística mexicana. Su tema recurrente, el cruce entre lo científico y lo místico, siguió sosteniendo una línea estética en la que la precisión del detalle convive con una sacudida onírica que le da a sus pinturas una atmósfera de ritual y de magia cotidiana.

Entre 1955 y 1959 su presencia en México fue fecunda; además de exhibiciones, incorporó su quehacer a la cultura visual del país mediante retratos y escenas que resonaban con el universo de la alquimia, lo sagrado y lo científico. Su retrato de un médico destacado, Retrato del Dr. Chávez, colgó en el Instituto Nacional de Cardiología, símbolo de una intersección entre la medicina y la imaginería surrealista que caracterizó su estética. Sus temas, que oscilaban entre lo místico y lo técnico, se vieron reforzados por su interés por la psicoanálisis y por la simbología de las transformaciones, un marco que se convirtió en motor de su pintura y de su escritura, y que la llevó a experimentar con imágenes de transformación, metamorfosis y autonomía de lo femenino dentro de un mundo que a menudo subraya la lógica de lo racional.

En cuanto a su vida personal, Remedios nunca abandonó su vínculo con la creación como oficio de subsistencia; trabajó como ilustradora, diseñó para proyectos de escenografía y decorados, y colaboró en vestuario para cine y teatro, a veces realizando falsificaciones autorizadas para el arte de otros artistas y destacando su capacidad para moverse entre distintos lenguajes. A través de estas experiencias, consolidó redes con Leonora Carrington y con otras figuras destacadas como Marc Chagall, y su labor de conjunto dejó una marca que aún se revisita en la historia del surrealismo mexicano y europeo.

Etapa internacional y consolidación en México

A mediados de la década de 1950, el reconocimiento internacional de Remedios fue aumentando. En 1955 tuvo su primera muestra en México y poco después continuó expandiendo su presencia con exposiciones personales y colectivas que le abrieron un camino de difusión más amplio. Su producción, que reunía referencias de alquimia, psicoanálisis y simbolismo, recibió valoraciones positivas por su rigurosa técnica y la originalidad de su iconografía, que amalgamaba ciencia y fantasía con una precisión casi orfebre. En ese periodo, su vida afectiva se entrelazó con su quehacer artístico, mientras la ciudad de México se convertía en un centro de encuentro para artistas exiliados y creadores que buscaban refugio y oportunidades de investigación.

La amistad con Leonora Carrington, con quien desarrolló proyectos conjuntos y compartió experiencias de vida, resultó fundamental para la consolidación de su carrera. Juntas exploraron los límites de la pintura y la narrativa, fortaleciendo una alianza que dejó un legado en la historia del surrealismo. En el ámbito profesional, Remedios continuó explorando la iconografía de la mujer como figura de poder y sabiduría, un rasgo que la distinguió de otros autores contemporáneos y que fue celebrada por críticos y público. A lo largo de los años, su obra encontró huecos de institucionalización, gracias a la Asociación de Artes Plásticas y a museos que dejaron constancia de su contribución a la cultura visual de México.

La década de los sesenta la sorprendió con una serie de proyectos que reflejaban su interés continuo por la metamorfosis y el tránsito entre planos. En 1961 realizó el tríptico Hacia la torre, Bordando el manto terrestre y La huida, una narración pictórica que sintetiza, en clave surrealista, su experiencia de vida y su visión del destino. Ese ciclo es una autodescripción de su identidad, en el que la figura humana se desdobla para mostrar procesos de liberación y trascendencia, sin perder la mirada crítica hacia la cotidianidad. En 1960, la serie Mujer saliendo del psicoanalista representa la fusión entre el análisis y la liberación femenina, un tema que resonó en la crítica y que ha sido objeto de numerosas lecturas en la literatura sobre su obra.

Respecto a su técnica, Remedios trabajó con gran minuciosidad, cuidando cada detalle y cada textura para lograr una atmósfera que oscila entre la precisión de la metalurgia y la fragilidad de un sueño. Sus temas recurren a la iconografía científica, a la investigación de la memoria y a la exploración del mundo desplegado en capas de significado; desde una mirada epistemológica, su pintura propone una visión del mundo donde la materia y el espíritu se entrelazan, y donde la humanidad y la naturaleza se comunican mediante símbolos y signos de gran complejidad.

La vida privada de Remedios estuvo marcada por su relación con diferentes figuras del ámbito artístico internacional. A lo largo de su trayectoria, mantuvo vínculos estrechos con Leonora Carrington y con otras figuras del exilio, encontrando en ellas no sólo amigas sino también aliadas para la crítica y la creación. Su paso por México la convirtió en una de las voces más influyentes del surrealismo hispanoamericano y, a la vez, una figura de referencia para los estudios sobre el siglo XX en el continente. Aun cuando su éxito comercial no fue constante, su obra trascendió las circunstancias de cada época y su influencia perdura en la forma en que se contempla la relación entre lo técnico, lo mágico y lo poético en la pintura.

Desde 1955, la actividad pública de Remedios fue intensa y sostenida. La primera exposición en la Ciudad de México abrió puertas a una nueva generación de coleccionistas y críticos que reconocieron la singularidad de su lenguaje. En 1958 recibió el primer lugar en un certamen dedicado a la plástica femenina, un reconocimiento que confirmó su posición dentro de un movimiento cultural que buscaba ampliar la presencia de las mujeres en las artes. Sus lienzos fueron adquiridos y exhibidos en instituciones, y su presencia se extendió a museos y galerías de distintas ciudades, donde su obra fue objeto de estudios y de publicaciones que consolidaron su lugar en la historia del surrealismo moderno.

Con el paso de los años, Remedios siguió explorando la relación entre la vida cotidiana y los procesos invisibles que la rodean. Su temática de la alquimia y la magia doméstica, su atracción por la figura de la mujer con poderes y su interés por la iconografía científica constituyeron un conjunto único que la convirtió en una voz singular dentro del surrealismo. Aunque su salud y su economía enfrentaron retos, su creatividad nunca dejó de fluir; su legado, por el contrario, fue alimentando nuevas lecturas críticas y nuevas generaciones de artistas que encontraron en su obra una guía para entender cómo la imaginación puede transformar la realidad.

En el tramo final de su vida, Remedios continuó trabajando, pintando piezas en su estudio y dejando para la posteridad un conjunto de obras que, a la distancia, adquieren una mayor densidad simbólica. Su último periodo estuvo marcado por la concentración en pequeños formatos y en la exploración de la metamorfosis, la memoria y la mirada introspectiva. Falleció en la Ciudad de México a consecuencia de un infarto agudo de miocardio. Su estudio guardó la última creación y el boceto de un nuevo cuadro, Naturaleza muerta resucitando y Música del bosque, que señalan una continuidad de su pensamiento hacia la renovación y la vida que late en cada imagen.

Al recibir la noticia de su muerte, el escritor y poeta surrealista André Breton dejó constancia de la enormidad de su pérdida, afirmando que el surrealismo reclamaba para siempre la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto. El eco de su voz y de su pintura siguió resonando en las galerías, en las aulas de arte y en los discursos de crítica que hoy la sitúan como una de las figuras centrales de la renovación del mundo onírico y la exploración de la imaginación femenina en el siglo XX.

Obra

Carácter general y temáticas

La trayectoria de Remedios Varo es la de una artista que convirtió la alquimia en una forma de iluminación visual, una técnica que permite resucitar mundos que emergen de los relatos del inconsciente. Su obra, amplia y variada, se define por una interpretación personal del surrealismo que integra ciencia, mística y fantasía en un paisaje poético que invita a la contemplación y al análisis. Además de la pintura, su quehacer se expandió hacia textos y prácticas que consolidaron su presencia en el mundo de las artes plásticas y la literatura de divulgación.

Entre los rasgos que destacan en su repertorio se encuentra la representación de figuras humanas estilizadas, situadas en escenas de simbolismo y metamorfosis, donde lo onírico convive con lo arquetípico y lo científico. En obras como el tríptico de 1961, la artista se autoparodió y narró su propio camino vital, traduciendo su biografía a un lenguaje que desdobla la experiencia en un conjunto de imágenes que aluden a la superación de límites y a la exploración de dimensiones diversas. Su pintura se caracteriza por la minuciosidad de los detalles y por la construcción de una atmósfera que sugiere la interacción entre mundos que no suelen encontrarse en la vida cotidiana.

En su aliado simbólico, la iconografía científica aparece como un puente entre lo visible y lo oculto, y la atención a las estructuras, mecanismos y materiales revela un interés por revelar lo que está detrás de la realidad aparente. Su corpus también incorpora una visión de la mujer como figura de poder y conocimiento, una imagen que desafía las concepciones convencionales de su tiempo y que la convirtió en una de las precursoras de una representación femenina que conjuga inteligencia, intuición y coraje.

Dimensión educativa y herencia cultural

La introducción de Remedios en México como una de las primeras artistas extranjeras que lograron arraigo permitió que su obra se presente con fuerza en un contexto cultural que, a la vez, la acogía y la desafiaba. Su relación con Leonora Carrington, con Frida Kahlo y con otros creadores del exilio dio lugar a una red de influencia que fortaleció su posición y amplió el alcance de su producción, que ha sido objeto de múltiples exposiciones, catálogos y estudios críticos. Su obra se conserva en museos y colecciones que destacan la densidad de su estilo, y su presencia en la escena mexicana de posguerra se convirtió en un referente para las generaciones siguientes de artistas que buscan una síntesis entre lo imaginario y lo científico.

La colección del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y otras instituciones ha albergado muestras que revaloran su legado, poniendo en evidencia su papel como una de las grandes renovadoras del surrealismo en América. la exploración de su corpus ha motivado debates en torno a la identidad de la vanguardia hispanoamericana, la recepción de su obra en España y su influencia en círculos académicos que han visto en su trayectoria una ruta de aprendizaje sobre la intersección entre técnica, fantasía y memoria histórica. Su legado no se limita a la imagen pintada, sino que se extiende a la literatura, a la crítica y a la memoria de un exilio que dejó un conjunto de voces que siguieron dialogando a través de generaciones de artistas y lectores.

Representación de una obra que dialoga con otros lenguajes

En la práctica de Remedios, la pintura funciona como un lenguaje capaz de dialogar con otros medios. Sus colaboraciones con cine, teatro y diseño le permitieron experimentar con la forma y la función de la imagen, creando decorados, vestuarios y objetos que completaban su visión de mundos posibles. Su presencia en la escena artística fue complementada por su labor de ilustradora y por su participación en publicaciones y revistas, donde su iconografía se convirtió en una referencia para la crítica y la divulgación. Esta capacidad de cruzar fronteras de medio enriqueció no sólo su obra sino también su influencia, que se extendió a comunidades de lectores e investigadores que hoy estudian su trayectoria con rigor y admiración.

Obra representativa y trayectoria creativa

La obra de Remedios abarca una amplia lista de creaciones que se han convertido en hitos de su trayectoria. Entre sus piezas más conocidas se encuentran trabajos de la década de 1930, así como series de los años 40 y 50, donde la temática de la metamorfosis, la máquina y la figura humana se entrelazan para formar escenas de gran armonía entre lo técnico y lo poético. Su inventario artístico incluye títulos que evocan viajes, transformaciones y encuentros con animales, plantas y objetos que adquieren una personificación y un sentido simbólico difícil de olvidar. Estas obras, conservadas en museos y colecciones privadas, continúan siendo objeto de análisis y de admiración por su singularidad y su capacidad para convertir lo cotidiano en un mundo fantástico y, a la vez, minuciosamente realista.

Lista de trabajos representativos

  • 1935 El tejido de los sueños
  • 1938 Como un sueño
  • 1938 Las almas de los montes o Los espíritus de la montaña
  • 1942 Gruta mágica
  • 1943 Paisaje Torre Centauro
  • 1944 Ruedas metafísicas
  • 1944 Invierno
  • 1945 A mi amigo Agustín Lázaro
  • 1947 Paludismo (Libélula)
  • 1947 Laboratorio
  • 1947 El hombre de la guadaña (Muerte en el mercado)
  • 1947 La batalla
  • 1947 Tiforal
  • 1947 Insomnio I
  • 1947 Gitana y Arlequín
  • 1947 Amibiasis o Los vegetales
  • 1948 Dolor
  • 1948 Títeres vegetales
  • 1948 Mujer en rojo
  • 1948 Dolor reumático I
  • 1948 Dolor reumático II
  • 1948 Alegoría del Invierno
  • 1950 Valle de la luna
  • 1950 Mujer sedentaria
  • 1951 Personajes Libélulas
  • 1951 El jardín del amor
  • 1953 Premonición
  • 1954 Espacio tiempo
  • 1955 Simpatía o La rabia del gato
  • 1955 Ciencia inútil o El alquimista
  • 1955 Ermitaño meditando
  • 1955 La revelación o El relojero
  • 1955 Trasmundo
  • 1955 Ruptura
  • 1955 El flautista
  • 1955 El paraíso de los gatos
  • 1955 Creación con rayos astrales
  • 1956 A la felicidad de las damas
  • 1956 La calle de las presencias ocultas
  • 1956 Tres destinos
  • 1956 Vuelo mágico
  • 1956 Cazadora de astros
  • 1956 Energía cósmica
  • 1956 Hallazgo
  • 1956 Los ancestros o Poema
  • 1956 El malabarista o El juglar
  • 1956 Tejedora
  • 1956 La tejedora roja
  • 1956 La tejedora de Verona
  • 1957 La creación de las aves
  • 1957 Modista
  • 1957 Caminos tortuosos
  • 1957 Mujer con esfera
  • 1957 Bruja que va al Sabbat
  • 1957 Reflejo lunar
  • 1957 El gato helecho
  • 1957 Retrato de Pilar y Clara Arnús
  • 1957 Vagabundo
  • 1957 Elixir
  • 1957 El otro reloj
  • 1958 Papilla estelar
  • 1958 Visita inesperada
  • 1958 La discreción
  • 1958 Creación del mundo o Microcosmos
  • 1958 La despedida
  • 1959 Exploración de las fuentes del río Orinoco
  • 1959 Catedral vegetal
  • 1959 El visitante
  • 1959 Encuentro (La cita)
  • 1959 Trovador
  • 1959 Locomoción capilar
  • 1959 El Minotauro
  • 1959 Ritos extraños
  • 1960 Mimetismo
  • 1960 Esquiador (Viajero)
  • 1960 Mujer saliendo del psicoanalista
  • 1960 Visita al cirujano plástico
  • 1960 Hacia la torre
  • 1960 Tránsito en espiral
  • 1960 Nacer de nuevo
  • 1961 Vampiro
  • 1961 Planta insumisa
  • 1961 Tejiendo el manto terrestre
  • 1961 Monja en bicicleta
  • 1961 Personaje
  • 1962 Vampiros vegetarianos
  • 1962 Fenómeno de ingravidez
  • 1962 Tránsito espiral
  • 1962 Taxi acuático
  • 1962 Arquitectura vegetal
  • 1962 Caballero encantado
  • 1962 Emigrantes
  • 1963 Naturaleza muerta resucitando
  • 1963 Los amantes

Juicio de Intestado

En el año 2000, la viuda de Remedios, Walter Gruen, donó la colección de obras de la artista al Museo de Arte Moderno de México, asegurando la preservación de un conjunto significativo de piezas que aportan a la historia de la pintura surrealista en el continente. La mayor parte de estas obras habían sido adquiridas previamente por coleccionistas privados legalmente, preservando así la continuidad de su patrimonio. A partir de ese momento, el material pasó a ser considerado como parte del patrimonio artístico de México y recibió protección legal como monumento artístico mexicano a partir de finales de 2001.

Una disputa judicial posterior designó a Beatriz María Varo Jiménez, sobrina de la pintora y también artista, como albacea universal de la herencia, una decisión que fue dictaminada por un juzgado especializado en la materia, una resolución que desencadenó un proceso de revisión y apelación en instancias superiores. En ese periodo, el Instituto Nacional de Bellas Artes de México apeló el dictamen, y el caso quedó suspendido temporalmente mientras se analizaban las implicaciones legales. En vida, la artista había vendido o entregado muchos de sus trabajos, sosteniendo que su prioridad era el proceso creativo más que la posesión de las obras, lo que influyó en la naturaleza de la herencia como tal.

Finalmente, en 2008, una sentencia judicial estableció que las obras de Remedios pertenecían de manera plena a la Federación mexicana, entendida como la nación, por lo que la colección pasaba a ser patrimonio público. Este fallo marcó un hito legal y consolidó la propiedad del conjunto de obras como un patrimonio cultural nacional, con implicaciones para la administración, la curaduría y la difusión de su legado artístico.

Reconocimientos póstumos

  • En 2007, la escritora cubana Zoe Valdés publicó una novela que recupera la biografía de la artista y la sitúa en un marco de ficción que recupera su figura para nuevas audiencias.
  • En 2008, Barcelona reconoció su figura con una placa colocada en jardines del barrio Diagonal Mar, que desde entonces lleva su nombre: Jardines Remedios Varo.
  • En diciembre de 2008 comenzó en Anglés un conjunto de actos con motivo del centenario de la pintora, iniciando con la instalación de un busto de la artista en mármol de Carrara, obra del escultor Rocayats, en un acto oficial que reunió a autoridades protocolares de México y España.
  • La Universidad de Barcelona organizó seminarios internacionales para conmemorar el exilio de la autora, generando textos que se recogieron en un volumen que recoge rutas de conocimiento, creación y trayectoria.
  • La exposición L’Anglés de Remedios Varo, realizada en la Sala Fontbernat, reunió un conjunto de obras y textos-curaduría y fue presentada por el ayuntamiento local, consolidando el legado hispano de la artista.
  • La pintora recibió un reconocimiento póstumo en el Día de Muertos organizado por la UNAM, una conmemoración que presentó su trayectoria como un eje destacado en la investigación de las artes visuales mexicanas y su influencia en la memoria cultural del país.

Además de estos reconocimientos, la escritura y la crítica han seguido ampliando la comprensión de su obra. En mayo de 2020, Malba Literatura publicó una colección de cartas entre la artista y su amiga Kati Horna, un testimonio epistolar que ilumina pasajes poco conocidos de su vida y su proceso creativo, y que ha permitido a estudiosos y curiosos reconstruir un retrato más completo de su pensamiento y de su condición de artista itinerante.

La biografía de Remedios Varo continúa sirviendo de referente para quienes estudian el surrealismo y la historia de las artes en Latinoamérica, y su legado persiste como símbolo de una visión que une ciencia, mística y poesía en un mundo semejante a un libro de sueños que se abre ante cada espectador. Sus obras, conservadas en colecciones públicas y privadas, invitan a una lectura que revela la capacidad de la imaginación para transformar la realidad y para sostener una memoria visual que aún conserva su poder de asombro.

Imágenes de Remedios Varo