Vida Icónica VIDAICÓNICA

Luis Sandrini Novella

Nombre completo Luis Sandrini Novella
Descripción Actor de teatro y circo italiano nacionalizado argentino
Fecha de fallecimiento 22-09-1951
Nacionalidad Argentina, Italia
Ocupaciones artista de circo
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Luis Sandrini Novella nació en la ciudad de Génova el 2 de noviembre de 1875 y, tras desarrollar una vocación escénica temprana, eventualizó su vida en Argentina, donde se convirtió en una figura central del teatro y del circo. Su historia no solo abarca actuaciones, sino también una dedicación familiar que consolidó una dinastía artística, dejando huella en generaciones posteriores. Este retrato propone una mirada renovada a su trayectoria, sus desafíos y el legado que dejó a sus hijos y a su entorno creativo.

Índice de contenidos1. Carrera2. Teatro
Luis Sandrini Novella — Imagen principal

Luis Sandrini Novella nació en la ciudad de Génova el 2 de noviembre de 1875 y, tras desarrollar una vocación escénica temprana, eventualizó su vida en Argentina, donde se convirtió en una figura central del teatro y del circo. Su historia no solo abarca actuaciones, sino también una dedicación familiar que consolidó una dinastía artística, dejando huella en generaciones posteriores. Este retrato propone una mirada renovada a su trayectoria, sus desafíos y el legado que dejó a sus hijos y a su entorno creativo.

Carrera

Durante décadas compartió su vida con Rosa Lagomarsino, mujer dedicada al trabajo del hogar, con quien formó un vínculo estable y paternal. Junto a ella crió a dos muchachos que heredaron el amor por la escena: Luis Sandrini, nacido en 1905 y que alcanzaría fama como actor, y Eduardo Sandrini, nacido en 1908, también volcado a las artes dramáticas. Con el tiempo, sus nietos vieron la luz como Malvita y Sandra, y también Eduardo Jr., consolidando una genealogía de intérpretes; entre las nueras se cuentan las actrices Chela Cordero y Malvina Pastorino. Estos lazos familiares, cargados de escena y disciplina, dibujaron un panorama de continuidad artística que trascendió a la propia generación.

De oficio profesional y con experiencia en el mundo del espectáculo, Sandrini siempre ejerció como el primer maestro de sus hijos, un rol que asumía con autoridad y afecto. Sus palabras, recordadas por los suyos, resaltaban su carisma y su capacidad para convertir la infancia en un terreno de aprendizaje; para ellos, era “el guía de la infancia” y un referente indiscutible en cada jornada de ensayo. Su influencia no se limitó a la técnica: era el modelo de entrega, constancia y amor por el escenario.

Su incursión en el circo lo llevó a participar en el célebre Gran Circo Rivero, un escenario donde la disciplina del trapecio y la pantomima convivían con la química del espectáculo itinerante. Con el tiempo integró una compañía bautizada Sandrini-Robles, que reforzó su compromiso con una forma de hacer teatro móvil, capaz de recorrer pueblos y ciudades para llevar risas, emociones y relatos a audiencias diversas. Más adelante, se unió a una agrupación conformada por los hermanos Petray, ampliando así su red de colaboraciones y fortaleciendo la presencia teatral de la familia en distintos circuitos.

En 1904, ante la necesidad de estabilidad, la familia se trasladó a San Pedro, donde le ofrecieron un empleo. En esa etapa, Sandrini asumió tareas de plomería y carpintería para sostener a su entorno y financiar la educación de sus hijos, demostrando una entrega que trascendía lo artístico. En aquel periodo, decidió que el teatro debía convivir con la vida familiar y que las giras continuas podían apartarlo de su núcleo; aquella decisión marcó un punto de inflexión en su visión sobre la profesión y las responsabilidades familiares.

Con la madurez de sus hijos, que ya mostraban interés por la actuación, el padre alentó su incursión en los escenarios. En un momento crucial, les aconsejó abrazar la posibilidad de crear, bajo su supervisión, una producción que pusiera a prueba su talento. Así nació la experiencia de montar El laboratorio de las alucinaciones, una puesta en escena donde Luisito encarnaba al paciente y Eduardo asumía el papel del médico. Fue en ese montaje cuando Don Luis detectó de manera contundente el potencial que había en cada uno de sus hijos, vislumbrando un futuro compartido en el mundo del teatro.

Con el servicio militar concluido por su hijo mayor, la familia se trasladó a una vivienda modesta ubicada en la calle Trelles al 3000, en el barrio de Villa Crespo. Los años siguientes transcurrieron en tiempos de penuria y lucha diaria por sostenerse; los tres hermanos y su padre atravesaron largas jornadas de búsqueda de trabajo, sin perder la esperanza ni la convicción de que el escenario era su destino común. En ese contexto, Sandrini no dejó de ser el sostén de la casa y el puente entre la necesidad material y la aspiración artística de sus hijos.

Para abrir puertas en la profesión, el actor y padre gestionó contactos que podrían catapultar a sus muchachos hacia oportunidades. Entregó una carta de presentación para Eduardo ante Enrique de Rosas, reconocido figura del mundo teatral, y otra para Leandro Reynaldi, a quien dirigir un circuito de Circo y Teatro de Verano. Rumbo a la escena, aquellas gestiones abrieron espacios en los que la incursión de la familia Sandrini comenzó a consolidarse, con la esperanza de que el talento se hiciera presente ante los ojos de productores y directores de la época.

La historia de su vida cerró en Buenos Aires, donde dejó de existir el 22 de septiembre de 1951, a la edad de 75 años. Su esposa Rosa Lagomarsino le sobreviviría, falleciendo años más tarde, en 1971, a la edad de 87 años. La pérdida marcó el fin de una era para una familia que había convertido la escena en un estilo de vida y en una identidad compartida frente al público que los acompañó a lo largo de décadas.

Teatro

  • Trípoli (1908).
  • Música de cámara